La Comisión Europea, con sede en Bruselas, ha instado esta semana a que todos los ciudadanos europeos se provean con un kit de suministros básicos de hasta 3 días, como agua, alimentos no perecibles, botiquines con medicamentos, linternas, baterías, etc., como medida preventiva de supervivencia para hacer frente a catástrofes producto de fenómenos naturales o de amenazas bélicas. Ha explicado que el impacto negativo de los fenómenos naturales se ha incrementado considerablemente debido al cambio climático y sobre todo las amenazas bélicas, gracias a Rusia, que por default encarna la maldad y la destrucción. De hecho, Polonia y Lituania aseveran que el presidente ruso Vladimir Putin podría atacar territorio de la sagrada OTAN en 2030. ¿De dónde proviene el oráculo que han consultado? No se sabe. Parece que en su visión es algo irrelevante por considerarlo como algo tácito.
Para contrarrestar estas supuestas y claras amenazas, la Unión Europea crea un comité de crisis para emergencias climáticas y bélicas, reforzando el SIAC (Centro Único de Análisis de Inteligencia, por sus siglas en inglés) para la detección temprana de riesgos y amenazas, en paralelo con el desarrollo de programas de adaptación climática y sobre todo de planes de rearme para garantizar la defensa de la nueva Europa. De paso, incrementando el aparato burocrático europeo, que nunca viene mal a los políticos y salvadores del mundo de turno.
“¿Seguimos reaccionando ante cada desafío de forma gradual y cautelosa? ¿O estamos dispuestos a aprovechar esta oportunidad para construir una Europa más segura? La respuesta es clara: No hay elección”, ha dicho tajantemente Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y conforme a lo que parece ser el eslogan actual de la política de Bruselas: “Si queremos paz, debemos estar preparados para la guerra”; a mi criterio, nada nuevo, una consigna acorde a la historia europea.
Limitándonos a tan sólo los últimos 10 siglos, Europa estuvo envuelta en guerras relevantes como: Guerra de los Cien Años (1337-1453), Guerra de las Rosas (1455-1487), la de la Reconquista (1085-1492), la de los 30 años (1618-1648), la de los 80 años (1568-1648), la guerra de los 7 años (1756-1763), las guerras de la Revolución Francesa (1792-1802), las Guerras Napoleónicas (1803-1815), la Guerra de Crimea (1853-1856), la Guerra Franco-Prusia (1870-1871), la Guerra de los Balcanes (1912-1913), la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Guerra de Yugoslavia (1991-2001), la Guerra de Ucrania, que realmente se inició en 2014. Si bien muchas de las guerras de gran duración se dieron en varias fases, no es menos cierto que esta lista excluye cientos de conflictos armados por razones de fronteras o rebeliones. En pocas palabras, Europa en los dos últimos siglos ha vivido en paz solo 45 años; desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el inicio de la Guerra de Yugoslavia. No necesariamente un récord para el Guinness ni para enorgullecerse.
La Segunda Guerra Mundial fue la más devastadora: se estima en 60 millones las personas muertas; casi 27 millones de origen soviético; 10 millones de alemanes, y 6 millones de judíos; ósea solo estos 3 grupos representan más del 70% de los muertos. El fin de esta vergüenza humana en 1945 promovió la creación de la ONU por: China, EE.UU., la Unión Soviética, Francia, y Reino Unido; como un organismo que promoviera la unión de las naciones bajo un espíritu de pacifismo y de antimilitarismo, y con la intención de preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra.
Pasado el chuchaqui, o resaca, de la paz, y asustados por los daños que puede causar el tornado Donald, parece que Europa está con ganas de empezar una nueva bacanal. Con excepción de España e Italia, cuyos pueblos no consideran al armamentismo como una de sus prioridades y preferirían que se baje el tono bélico, el resto de los países parece querer participar en una Eurocopa contra Rusia.
Aparentemente los europeos o tienen pésima memoria respecto a su pasado bélico o quieren reactivar su vapuleada economía. Este último aspecto sería no solo sensato sino necesario. Inocular el miedo en el pueblo ha servido siempre para que los gobernantes justifiquen cualquier actitud por absurda que esta sea. En eso Europa tiene experiencia. En esta ocasión Bruselas ha escogido la burda estrategia de la protección al medio ambiente equiparándolo con la inminencia de la guerra. Espero que el kit de supervivencia prevea papel higiénico para 3 días. Al cuarto día ya no necesitaremos porque probablemente ya no existamos.
Los vientos de guerra hinchan las velas del barco europeo del armamentismo. A fin de cuentas, negocio es negocio al precio que sea.
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