La “Máxima” de mi padre…

Mar 28, 2025

Por Melvyn O. Herrera

Desde mi infancia a menudo escuché a mi padre expresar lo que luego adopté como mi “Máxima” y la hice parte de mi vida; por ello constantemente la menciono en las opiniones periodísticas que desde hace unos 40 años escribo. Dice: “Somos lo que es la sociedad donde vivimos”; consecuentemente debemos mejorarla; añado e intuyo.

Por ello, el modesto taxista que siempre fue mi padre, desde el suburbano barrio guayaquileño, Casas Colectivas, donde vivíamos, cuando él pudo nos mudamos, porque fue la persona que, financiada, construyó la primera villa -Higueras y Acacias, esquina- en la naciente ciudadela URDESA (Fotos en la página 255 de mi libro INSPIRACIONES); prosiguió siendo un pequeño pero inicial accionista de la “Clínica Kennedy”, revolucionaria iniciativa de esos tiempos; fue dirigente del Sindicato de Choferes de Guayaquil y gerenció la “Cooperativa General Rumiñahui”, misma que vía trueque con banano del magnate de Quevedo, Gustavo Chong Qui, importó desde Polonia casi un centenar de taxis marca Warzawa; a Manabí llegaron unos 6. Estas realizaciones en beneficio de su familia materializaban su convicción de que constantemente debíamos mejorar la sociedad donde habitamos; y fue mi mejor enseñanza.

Yo seguí sus pasos de taxista y también en el Sindicato de Choferes, en el que aún veinteañero fui elegido Secretario -sin llegar a posesionarme por mis actividades viajeras- y pronto, desde la actividad empresarial, comprobé que Sociedad y Mercado se corresponden y necesitan; entrando en juego las decisiones políticas que al Estado le damos para que mejoren la sociedad en que vivimos. Así, en esta democracia con la que elegimos a los mandatarios y a otras autoridades menores, nuestro destino está atado a las decisiones que tomamos; las buenas nos favorecerán y las malas harán lo contrario.

Habiendo vivido convencido de mis entonces juveniles credos comunistas, y comprobando que en la dirigencia partidista no se practicaban sus prédicas, con la libertad de la que gozamos, y que debemos cuidarla sobremanera, desde ahí concluí en que no existen ni derechas, peor izquierdas políticas. Así se adjetivan pregones de gentes que hacen de la difusión de sus equivocadas y muchas veces rayanas delincuenciales propuestas, su modo de vida. Promocionan la igualdad, misma que ni en la naturaleza existe; produciendo a la postre, complejos, envidias e injusticias.

Lo que expreso es válido en estos tiempos electorales, en que la polarización de ideas destruye la unión y el respeto ciudadano, los que son básicos para una positiva convivencia social. Por ello, es necesario que ahora revisemos la historia reciente -de este siglo al menos- para facilitarnos la decisión de elegir al mejor de los postulantes; es decir al mucho menos cuestionado, más preparado y pese a su juventud, más experimentado para dirigirnos. De mi parte y junto a mis cercanos ya lo hicimos, convencidos de que es lo que más conviene para que mejore esta Sociedad/Mercado donde todos vivimos; nuestro Ecuador del alma.



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