Miércoles, 17 Agosto 2022
Machete...

Machete... Destacado

 

Por Melvyn O. Herrera

Cuando por ahí, hace un medio siglo, supe que Carlos Esteban González-Artigas Díaz (CEGAD) apodaba “Machete” a su primogénito hijo de los mismos nombres y apellidos, pero obviamente de apellido materno Loor (CEGAL) indagué a relacionados y por fin al mismo Carlos, la razón de aquello, haciéndome saber que era porque así él imbuía a su hijo con el espíritu y utilidad laboral de esa herramienta del campo y con el trabajo en general. Con su infaltable sal quiteña, también lo atribuía al éxito en ventas de un jabón con esa marca que producía “La Fabril”, en esos tiempos una pequeña pero creciente empresa radicada en Montecristi. Es que Charly, como yo lo apodé años después para distinguirlo de muchos amigos de nombre Carlos, él así como fue de visionario y emprendedor, también era muy original y ocurrido en sus decisiones; lo demuestra este relato.

Lo traigo a colación porque los dos ya no están con nosotros, Charly se nos fue hace más de dos años y Machete el 19 de julio reciente falleció en España luego de una larga enfermedad y el próximo viernes 5 de agosto sus cenizas recibirán en Manta los ritos católicos que su familia y quienes los estimamos sobremanera compartiremos. Por ello, recuerdo algunas cosas que parecerían baladíes, pero que a muchos de quienes hemos sido parte de sus vidas nos reconfortan y nos permiten difundir lo mucho de positivo que en sus vidas produjeron y dejaron para esta sociedad, haciendo que sus humanos defectos -comunes en todos nosotros- sean insignificantes versus la magnitud de sus buenas realizaciones.

Vale que difunda algo de la condición humana de este par de seres que dirigían un conglomerado empresarial de los más importantes de nuestro Ecuador, y es que, pese a las naturales diferencias generacionales, poco antes de la pandemia, Charly me hizo leer, una amorosa carta manuscrita de su ahora difunto Machete, donde con mucha ternura él le expresaba a su padre muchas cosas que verbalmente, por el tráfago laboral no le había manifestado; fue la única ocasión, en los muchos años de confianza conmigo, que vi humedecerse de emoción los ojos de Charly. Lo anterior prosiguió, cuando sin ser un ameritado cantante, con acompañamiento de una guitarra, Machete se atrevió a grabarle una sentida y expresiva canción a su padre. Charly, pleno de felicidad, a un grupo de amigos que gozamos de su confianza nos hizo ver y escuchar lo que relato. ¡Más humanos no podía ser este par de amigos!

Ahora, de los dos no nos quedan más que recuerdos y los deseos de que los equipos de ejecutivos, junto a los herederos del emporio empresarial que construyeron padre e hijo -Charly y Machete- prosigan las rutas de progreso que trazaron ellos y que tanto necesitamos quienes de una u otra forma coadyuvamos y somos parte del progreso que ellos produjeron para esta sociedad a la que nos debemos, comenzando con Montecristi, cantón en el que se cimentaron, extendiéndose luego a todo Manabí y al Ecuador entero. Que así sea…

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