Jueves, 18 Agosto 2022
Metáfora para agredir

Metáfora para agredir Destacado

 

Por Jorge Gallardo

Se trata de una reacción normal en el cuerpo de todos los seres humanos. Se produce al comenzar la pubertad y puede extenderse, a veces, hasta la adultez. Es una liberación de semen en el hombre y de líquido vaginal en la mujer. No es nada extraño ni sobrenatural. Es el sueño húmedo 

¿A qué viene el cuento? A que la alcaldesa de Guayaquil, con toda la razón, ha rechazado que el periodista Santiago Aguilar, furioso opositor de su administración –lo mismo que el medio para el que trabaja-, afirme que ella “tiene sueños húmedos” con respecto a la ley de comunicación. Pues, si bien con la palabra y con la escritura se pueden construir metáforas (figura retórica que sustituye un término real por otro irreal), en el caso que nos ocupa la expresión no es otra cosa que vulgar insulto y como ha dicho Viteri, que viene de “una pluma manchada de misoginia” (aversión a las mujeres y desconfianza en ellas). 

Las libertades de pensamiento, expresión y comunicación, imprescindibles en la vida del ser humano, no deben, mal usadas, servir para agredir, violentar los más elementales principios éticos, trastocar los valores reales del ejercicio periodístico, devengar un salario, saldar cuentas de antipatías personales, obedecer a la pauta política. La fuerza extraordinaria de estas libertades se debilita cuando se las invoca para agraviar e injuriar. 

El Pelagato José Hernández, en su derecho absoluto de interpretar la política nacional como lo hace, dedica enorme tiempo y centenas de páginas para cuestionar el comportamiento de Jaime Nebot, Cynthia Viteri y el PSC. Pero, por ejemplo, no debe él coludirse con Aguilar –colega de medio-, y hacerlo en una reciente columna titulada con otra ofensa: ¿Qué esconde tras el sexo Cynthia Viteri?   

Censurable forma de hacer periodismo. No se requieren burdas metáforas para oponerse a una ley de comunicación que ni siquiera debe existir, ni tampoco excusas para el ultraje incalificable. Aguilar y Hernández, sueñan igual: con la inquina. 

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