Martes, 30 Noviembre 2021
Que la crisis no nos derrote

Que la crisis no nos derrote Destacado

 

Por Jorge Gallardo

Parecería que todo contribuye a agravar la situación. Hablar de crisis es lo cotidiano, lo recurrente. La crisis, como tema central, no hace distingos de ninguna especie.

Pero, sin dejar de admitir que el país atraviesa por una situación bastante complicada, ¿no será, también, que se está convirtiendo a la crisis en un modo de vida? Los medios convencionales de comunicación social (radio, televisión y prensa escrita) e internet con todas sus redes sociales están inundados de noticias malas, alarmantes, que provocan temor contagiante, tanto que existe ya una epidemia de miedo entre la población (esa enorme mayoría que vive y que quiere seguir viviendo en paz). Sucede no sólo por la acción de los delincuentes comunes, también por la corrupción de políticos inescrupulosos, funcionarios públicos, administradores de justicia, empresarios y de una pequeñísima minoría perteneciente a los distintos estamentos de la sociedad y gusta de vivir parasitando (viviendo a costa de otros y de la irregularidad).

Es necesario sacudirse de la crisis, dejar a un lado el aletargamiento y hasta la comodidad que ésta, parece, está produciendo. Es imprescindible, como nunca, que de la crisis se haga oportunidad para transformaciones creativas y positivas, e inclusive ser susceptibles a experimentar una catarsis (liberar y eliminar hechos que alteran la mente o el sistema nervioso). Si a los gobernantes les corresponde encontrar y dar soluciones a los problemas críticos, a los ciudadanos les toca contribuir, con su actitud y decisión, para que eso acontezca y el bienestar alcance a todos. Si la crisis es de todos, todos están obligados a cambiar esa realidad.

Aun viviendo difíciles momentos, lo importante es impedir que el lamento se imponga a la esperanza. A la crisis no hay que cambiarle el nombre ni tampoco volverla inexistente; lo que sí se puede –y así se espera que sea-, es vencerla. No hablando todo el tiempo de ella, sino con los hechos que los permiten la inteligencia, los dones y talentos recibidos gratis y divinamente. La fe es poderosa.

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