Lunes, 15 Agosto 2022
Perspectivas del plurinacionalismo en la construcción de agendas democráticas post pandemia

Perspectivas del plurinacionalismo en la construcción de agendas democráticas post pandemia Destacado

 

Edificar una identidad cultural basada en principios y valores constitucionales, de derecho y justicia sociales, cada vez es más difícil de lograr, tomando en consideración los riesgos y amenazas externas, y en una esfera endógena aún resulta muy complicado diseñar estrategias en los países latinoamericanos.

En nuestra América Latina, el nuevo entramado social se ha deslizado hacia un anti centrismo que intenta una reivindicación sustentable, que busca la reconstrucción de nuestro ideal de Estado desde adentro a través de la autodeterminación y el sentido nacionalista y pluricultural elevado a la cúspide del modelo de sociedad, y la urgencia de encontrarnos con nuestros hermanos latinoamericanos fortaleciendo la institucionalidad de los bloques de cooperación e integración regionales que genere un cierto equilibrio con la hegemonía imperialista, siendo el mecanismo idóneo para dicha construcción un desarrollo sostenido, tomando como ejemplos, trágicos sucesos de otras regiones como el medio oriente, donde al parecer viven en una involución anestésica. El neo orientalismo conducente a un rechazo ciego a lo exterior en intento del autoaislamiento cultural.

En la actualidad, no solo nuestro país sino América Latina en general viven épocas de transformaciones con visiones progresistas que intentan desmitificar  las invenciones hegemónicas que han sumergido a nuestros pueblos en tubos de ensayo sociales bajo la ausencia de políticas públicas que fomenten la institucionalidad, la igualdad y el libre acceso de los ciudadanos como sujetos de construcción del Estado.

Con la llegada del “Gobierno del Encuentro” existe, no solamente, la esperanza de un recambio de poder, sino una importante trasformación del sistema político que ha implicado, en la práctica, la destrucción de los partidos políticos tradicionales que alimentaron la dominación y consolidaron de las asimetrías y los mitos culturales. El mérito, sin duda, será comprender, construir y replicar desde la identidad política e identidad cultural la  manera correcta de discernir los postulados de las organizaciones sociales y la forma de gobierno, en sintonía directa con las reivindicaciones populares de amplios, olvidados y hasta cierto punto despreciados sectores de la sociedad.

Es en este nuevo modelo de derechos y justicia social que surge el reto de fomentar una nueva cultura democrática y con ello la acción de garantizar, de manera integral e inclusiva, que la población cuente con una mejor calidad de vida, tomando como punto de partida a los sectores de la sociedad que aún viven en la extrema pobreza.

La democracia promulga la participación social y el desarrollo de sus agendas de interacción que respetan el pluralismo ideológico, y creen en la diversidad cultural. La democracia apoya la institucionalidad de la sociedad en todas sus formas, en un régimen de equilibrio y no de posiciones extremas; de estabilidad y de gobierno para todos, replicando una cultura de vida comunitaria. En este ámbito, es importante luchar contra los riesgos que amenazan el ejercicio de una democracia real que fomente el respeto absoluto a la vida y a todas sus manifestaciones; luchar para que no se destruya la naturaleza; combatir las economías extractivistas,  por una ética pública en el manejo de los recursos públicos; construir mecanismos para una economía sustentable y sostenible. Para algunos analistas, la mejor fórmula de gobierno está en los principios y valores. Por ejemplo, para Bárbara Goodwin, en su libro “El Uso de las Ideas Políticas” al referirse a las formas de democracia, explica que “las personas pueden ser inducidas a adoptar e internalizar los principios morales, ello es preferible para la vigencia del orden social que tener que coaccionarlas y obligarlas a obedecer a la autoridad”.  Con esto, se interpreta que la clave está en una educación integral, que permita al individuo tener una comprensión holística del mundo en que vive, de su relación con la naturaleza y con el ambiente. La moral en la política no debe ser entendida sobre la base de prejuicios, dogmas o estereotipos, sino a partir del respeto, la honestidad y la responsabilidad del bien común, entendido desde la base de los derechos sociales, políticos y económicos, en una tesis que beneficia a todos sin importar su ideología política o su condición cultural. Igualmente la defensa de la paz, la libertad, el cooperativismo y la actividad comunitaria, cuyos procesos deben ser ajustados de manera permanente.

El futuro de la democracia y su construcción social radica en entender y administrar los modelos sociales en estricta sintonía con las formas de organización política de la sociedad muy distinta del totalitarismo, ya sea de derecha o izquierda. La democracia debe ser establecida en un régimen político deliberante, participativo, electivo y alternativo en el manejo del poder que se debe oponer siempre a las facciones fácticas. El deber ser de la democracia es el respeto al pluralismo ideológico nutrido en la diversidad cultural que crea institucionalidad para el progreso armónico, equilibrado y universal en todas sus formas.

Marco A Torres Jaramillo

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