Domingo, 24 Septiembre 2023
Odiosos impuestos

Odiosos impuestos Destacado

 

“¿No cree que este nuevo impuesto al patrimonio es un impuesto expropiatorio?” me preguntó hace poco un caballero visiblemente disgustado. Y mi respuesta fue: “Sí, claro, todos los impuestos nos expropian un poco de nuestra riqueza. Todos los impuestos son malos, pero son un mal necesario”.

Nadie quiere pagar impuestos y eso es natural. A todos nos gustaría quedarnos con los frutos de nuestro trabajo. El problema es que si todos hacemos eso, el Estado no tendría cómo financiarse y terminaríamos con un gobierno endeudado hasta las narices o sin un gobierno que funcione adecuadamente. Los impuestos son el mal necesario para tener un gobierno medianamente bien financiado.

 

Hay uno que otro impuesto que no es malo, pero son la absoluta excepción. Por ejemplo, los impuestos al alcohol, a los cigarrillos o a la contaminación tienen más cualidades positivas que negativas, pero es claro que sólo son una pequeña proporciónde los tributos que pagamos los ciudadanos.

Hoy el gobierno está proponiendo un aumento de los impuestos y eso es impopular con los que resultaríamos afectados que somos, básicamente los que ganamos más de USD 2.000 al mes. Además, se quiere poner un impuesto temporal a los patrimonios de las personas y empresas que tienen más del un millón de patrimonio y eso, obviamante, les debe ser tan agradable como un encuentro con una ‘agua mala’ en el Océano Pacífico.
Sabiendo que a nadie le gusta pagar más impuestos, hay tres argumentos a favor de esta reforma.

El primero es que va acompañada de una fuerte reducción del gasto público. El acuerdo con el FMI prevé que por cada dólar adicional de recaudación, el gobierno reduzca su gasto en casi cuatro dólares. En otras palabras, el peso del ajuste recae, casi cuatro a uno, en los hombros del gobierno.

El segundo argumento es que sólo si hacemos una reforma tributaria seguirán llegando al Ecuador los préstamos de las instituciones multilaterales (FMI, Banco Mundial, BID, CAF, FLAR, etc.), que son claves para que la economía ecuatoriana no colapse y para que no crezcan los atrasos del gobierno. Lo bueno es que con estos recursos (más el plan descrito en el párrafo anterior), el próximo año deberíamos dejar de endeudarnos porque estaríamos matando el déficit fiscal luego de casi una década y media de vivir endeudándonos.

Y el tercer argumento es que un aumento de los impuestos pagados por los más ricos hará que las élites se involucren más en controlar el buen manejo de los recursos públicos. En otras palabras, habrá más gente interesada en saber que lo que se paga de impuestos se gaste bien y ese es uno de los deberes de cualquier ciudadano de luchar contra la corrupción.

En fin, odiosos males necesarios.

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