Lunes, 15 Agosto 2022
¿Qué busca Putin con su gran órdago a Occidente? Claves para entender la crisis de Ucrania

¿Qué busca Putin con su gran órdago a Occidente? Claves para entender la crisis de Ucrania Destacado

 

Los soldados y las armas de Rusia se acumulan en la frontera con Ucrania; inquietud y valentía laten en los corazones de los ucranios ante la amenaza de un enemigo más poderoso; la diplomacia busca frenéticamente soluciones; Europa entera está en vilo. Con unos 100.000 uniformados ya desplegados y unas reivindicaciones políticas y de seguridad que equivalen a retrotraer al siglo XX los equilibrios del continente, Vladímir Putin ha lanzado contra Occidente un órdago sin parangón en las últimas décadas.

En su maniobra, el Kremlin cuenta con algunas ventajas a corto plazo (sobre todo, una disposición a actuar y sufrir para conseguir sus objetivos en Ucrania mucho mayor de la de Occidente), pero asume serios riesgos a medio plazo (precipitar un cierre de filas occidental, una reactivación de la OTAN y una inquebrantable determinación de un pueblo ucranio horrorizado a alejarse de Rusia y abrazar a Occidente, precisamente lo que Putin quiere evitar).

A continuación, algunas claves para interpretar un órdago que ha puesto a Europa al borde de una conflagración bélica inaudita desde la disolución de Yugoslavia y de la mayor inversión de tendencia geopolítica desde el fin de la Guerra Fría.

¿Cuál es el origen del conflicto en Ucrania?
El conflicto estalla en 2014, cuando Rusia respondió militarmente al cambio de Gobierno en Kiev. Las protestas contra la decisión del entonces presidente, el filoruso Víctor Yanukóvich, de suspender la firma de un acuerdo de asociación con la UE y reforzar en cambio lazos con Moscú —y la indignación por una brutal represión— provocaron la caída del dirigente. Rusia, que considera un interés estratégico vital la permanencia de Ucrania en su órbita de influencia, intervino de forma semiclandestina en la región ucrania de Crimea, que posteriormente anexionó, y fomentó el separatismo en la región del Donbás, alimentando un conflicto armado que se estima ha causado unos 14.000 muertos desde su inicio.

 

¿Por qué se ha precipitado la crisis?
Los factores que han disparado la tensión son el paulatino despliegue en los últimos meses por parte de Rusia de soldados y medios en la frontera con Ucrania y la publicación a mediados de diciembre de unas radicales peticiones a la OTAN y a Estados Unidos alrededor de la arquitectura de seguridad europea. Los motivos por los que el Kremlin ha optado por esta escalada ahora son objeto de debate. Hay una lectura en clave ucrania y otra internacional.

Varios expertos coinciden en subrayar como importantes señales que, en los meses pasados, indicaron la determinación del Gobierno de Kiev de perseguir un rumbo independiente y vigoroso frente a Moscú. William Alberque, director del Departamento de Estrategia, Tecnología y Control de Armas del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, destaca “una serie de procesos judiciales a oligarcas y expolíticos del entorno del régimen prorruso del anterior presidente”. Una acción judicial anticorrupción que mina sensiblemente la capacidad de influencia de Moscú en Kiev procesando y condenando a algunas de sus figuras de referencia.

“Creo que en los últimos meses Putin ha llegado a la conclusión de que por primera vez desde 2014 la dinámica ya no le favorece en Ucrania, que el tiempo corre en su contra”, considera Nicolás de Pedro, jefe de Investigación en el Institute for Statecraft de Londres, quien coincide en señalar los enjuiciamientos y las condenas como factor de peso.

Andréi Kortunov, director general del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales —un centro de estudios con vínculos con el Gobierno— señala uno de los argumentos oficiales rusos, que también toca la fibra de la actitud de Kiev, pero en una óptica diferente. “A Moscú le inquieta que Kiev esté considerando resolver el problema de Donbás desviándose de los acuerdos de Minsk y usando el poder militar. Moscú quiere disuadir de esa tentación”, dice.

Es cierto que ha habido una mejora constante de las Fuerzas Armadas ucranias, y que la entrega de drones armados turcos —que demostraron su eficacia en el conflicto del Nagorno Karabaj entre Azebaiyán y Armenia— es un desarrollo significativo. Sin embargo, ni Ucrania ha recibido armamento realmente desequilibrante, ni hay ninguna prueba clara de una voluntad de Kiev de lanzar una ofensiva contra el Donbás.

En clave internacional, varios expertos creen que la tesitura global puede haber contribuido a motivar a Putin a actuar. Carmen Claudín, investigadora sénior del centro de estudios CIDOB, apunta que “Rusia considera que EE UU quiere concentrarse en su prioridad, que es China, y diagnostica, con razón, que la UE está debilitada por sus divisiones internas, con contradicciones tanto dentro de los Estados miembros, como entre ellos”. En Alemania acaba de asumir funciones un Gobierno de coalición con posiciones divergentes en esta materia, y Francia está a punto de entrar en campaña electoral. Fuera de la UE, la otra potencia europea, el Reino Unido, tampoco atraviesa una fase de gran fortaleza. Un momento oportuno, pues, para lanzar un órdago.

¿Cuáles son los objetivos oficiales de Putin?
Formalmente, Moscú busca renegociar el tablero de seguridad en Europa. A mediados de diciembre publicó dos propuestas de tratados con EE UU y con la OTAN repletos de condiciones muy exigentes. Entre ellos, la Alianza debería asumir el compromiso de no ampliarse más, sus países miembros originales no deberían desplegar fuerzas militares en los nuevos miembros: Estados Unidos, renunciar a toda cooperación militar con Ucrania y otros antiguos países soviéticos que no son miembros de la OTAN.

 

 

El cambio del equilibrio estratégico en Europa es una vieja reivindicación de Moscú, planteada en múltiples ocasiones, de forma hasta ahora infructuosa. Kortunov señala que “Putin quiere demostrar de forma muy clara su insatisfacción por la situación actual. La OTAN se ha expandido hacia el Este. Putin considera estos movimientos un auténtico desafío para la seguridad de Rusia. Aparentemente, cree que para captar atención de Occidente debe hacer algo muy significativo, que fuerce a Occidente a escuchar”. Lo ha logrado.

“El Kremlin quiere volver a una vieja arquitectura de seguridad”, señala Claudín, “con el reconocimiento por parte de Occidente de una franja de territorio europeo que conformaría su cinturón de una seguridad vital. Sin ello, dice, está en juego la supervivencia del Estado ruso”.

¿Cuáles pueden ser los objetivos no declarados del Kremlin?
En Occidente está muy extendida la opinión según la cual no solo Putin quiere evitar la deriva de Ucrania u otros países de la antigua URSS hacia Occidente; también quiere evitar que logren una democratización exitosa.

“Putin quiere que Ucrania esté alineada con Rusia, mantenerla en su esfera de influencia. Quiere un cambio de régimen en Kiev”, comenta Alberque. “Presionando para lograr ese objetivo, se ha dado cuenta de la ansiedad que generaba en Occidente la paulatina acumulación de tropas en la frontera. Así que ha seguido, y ha aprovechado para plantear un conjunto de demandas que van más allá de Ucrania. Pero el objetivo primordial es evitar que Ucrania sea un país soberano y que se aleje de su esfera”, dice este experto.

A lo que Claudín añade: “La cuestión democrática forma parte de la motivación, aunque no de la argumentación. Moscú no la reconoce como razón para actuar, y sostiene que los movimientos democratizadores que han brotado en distintos países de la región no son genuinos, sino el resultado de maniobras occidentales. Algunos dirigentes rusos se lo creen, otros no. En cualquier caso, saben que podría ocurrir en Rusia, porque ya ha ocurrido, aunque de forma muy limitada”. Una Ucrania que lograse establecer una democracia estable y próspera sería una perspectiva preocupante para el Kremlin, por el mensaje a la ciudadanía rusa de que, con condiciones histórico/culturales parecidas, otro camino con respecto al autoritarismo de Putin es posible.

¿Es todavía posible una solución diplomática?
La reunión celebrada en Ginebra el viernes entre el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, terminó con una disposición de ambas partes a seguir en la negociación. Hay margen para forjar acuerdos en materia de control de armas, sobre despliegue de misiles, maniobras militares, medidas de transparencia. Pero Moscú ha dejado claro que lo prioritario son otras cosas, calificando como líneas rojas exigencias —como la no expansión de la OTAN— que Occidente considera inasumibles. “Son tan extremas que no veo cómo podría aceptarlas”, señala Claudín.

“Creo que nada en materia de control de armas puede satisfacer a los rusos. Les parecerán bien ciertas cosas, lo que EE UU quiera ceder, pero no será suficiente. Sus objetivos son otros”, dice Alberque, que fue director del Centro de Control de Armas de la OTAN. “No quieren hablar de control de armas. No están haciendo todo este esfuerzo solo para conformarse con eso”, coincide De Pedro. Es muy difícil vislumbrar pues una solución diplomática.

“En esta situación, Moscú tiene dos opciones”, comenta Kortunov. “La primera es seguir en la mesa, con una perspectiva incremental, hablando de las cosas en las que hay opción de acuerdo. La segunda es levantarse pronto de la mesa, alegando que no hay disposición en los asuntos clave, y activar medidas técnico-militares. Yo espero que Moscú opte por la primera. Pero creo que lo más probable es una opción híbrida, intermedia. Alguna medida para elevar aún más la presión, sin romper los canales de diálogo”, concluye.

¿Cuáles son las opciones militares de Rusia?
Por superioridad militar y características del teatro de acción, Moscú dispone de muchas opciones para seguir en la escalada. Algunas, como el despliegue de nuevo armamento en lugares sensibles como Kaliningrado, una entrada con insignias de fuerzas rusas en el territorio separatista de Donbás o más ciberataques, pueden elevar la presión sin activar la violencia.

Pero el despliegue militar es de tal calibre que es difícil pensar que Putin lo retire sin obtener algún éxito rotundo. Y como es improbable que lo pueda obtener por la vía diplomática, muchos expertos opinan que alguna opción destructiva es muy probable. (ElPaís)

 

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