A Quito solo le faltaba que lo orine un perro

Jul 16, 2025

Por Carolina Moreno

Y pues… le orinó.

Así debo empezar esta editorial: con una mezcla entre decepción, desesperación, ansiedad y un poquito de resignación, porque ni el realismo mágico se atrevería a escribir lo que vivimos en esta ciudad.

Los niños salieron de vacaciones el 1 de julio. Todos teníamos planes: cursos vacacionales, paseos, lavar la ropa gruesa, aprovechado el verano; limpiar la casa, lo normal. Esos eran nuestros planes, pero los planes de – Dios – eran otros; pero aquí el único que no tenía una planificación, era el Alcalde de Quito.

El 6 de julio el Municipio nos informa que una tubería se rompió “por un evento de la naturaleza”. Seis parroquias sin agua por una semana… o quizás más. ¿Y cuál fue la respuesta lógica? Que iban a enviar tanqueros. Lo que no nos dijeron es que habría que rezar para que el tanquero llegue, y si llega, que no pase de largo.

Hoy es 15 de julio. Seis días después, el Concejo Metropolitano recién declara la emergencia. ¡Se tomaron su tiempito! Como buenos funcionarios públicos.

Mientras tanto, el Gobierno anuncia que el Alcalde no presentó ningún plan de contingencia, así que ellos, con tanqueros y plantas potabilizadoras, están tratando de hacer lo mejor posible, así sin lograr coordinar con el GAD.

Durante esta novela protagonizada por las autoridades se monta en redes sociales, la ciudadanía se pelea en vertientes naturales, lava la ropa en baldes y ruega por que llegue el prometido tanquero municipal. Porque claro, esta Alcaldía prometió todo y ha cumplido poco.

Hoy escribo esto con la frustración de una ciudad que ya no sabe si reír o llorar. Una semana entera perdida para los niños que soñaban con vacaciones, para familias que solo querían vivir con un poco de dignidad. ¿Quién paga esta falta de previsión? ¿Quién responde por esta improvisación permanente?

Parece castigo… pero más bien es una lección. Después del desastre de Yunda, nos entregamos otra vez a la fe ciega y elegimos a otro correísta. Y aquí estamos: sin liderazgo, sin plan y sin agua.



1 Comentario

  1. Completamente de acuerdo con su comentario, estamos a la deriva