La política ecuatoriana es ese tipo de novela que, cuando crees que ya lo has visto todo, te sorprende con un giro de guion digno de una producción de novela venezolana ochentera.
En esta segunda vuelta presidencial, el país está a punto de escribir otro capítulo en su larga historia de elecciones reñidas, discursos reciclados y alianzas que desafían toda lógica, si algo ha quedado claro en las últimas semanas es que Daniel Noboa está haciendo las cosas relativamente bien.
En un país donde gobernar es como jugar ajedrez con un tablero en llamas, el presidente ha logrado mover sus piezas con precisión quirúrgica, mientras su oponente sigue atrapada en el guion del correísmo clásico, “donde todo era mejor antes, donde la derecha es el mal absoluto y donde la Revolución Ciudadana es la única salvación”.
La reciente reunión con Donald Trump en Florida no es un simple gesto o acto protocolario, el presidente actual, sabe que la seguridad es el tema que más preocupa a los ecuatorianos, y si hay alguien que entiende de mano dura, es el señor Donald J. Trump, el mensaje que envía Noboa con esta movida es claro: Ecuador necesita aliados fuertes en su lucha contra el narcotráfico y la violencia.
Y por si fuera poco, reaparece la posible reactivación de la base en Manta, ese tema que el correísmo convirtió en tabú, pero que hoy empieza a verse más como una medida sensata que como una traición a la patria, antes, hablar de presencia militar estadounidense era poco menos que invocar al demonio, ahora, cuando el país se cae a pedazos por la violencia, la idea ya no suena tan descabellada.
Mientras Noboa juega en la cancha internacional, Luisa González sigue dando vueltas en el mismo círculo vicioso de la retórica correísta, en el debate presidencial, en lugar de presentar ideas frescas o responder con claridad, prefirió aferrarse a la nostalgia de la “década ganada”, como si el país no recordara que los mismos que gobernaron en ese tiempo también dejaron una crisis institucional y un sinfín de escándalos de corrupción.
El verdadero campo de batalla de esta segunda vuelta no está en los votantes que ya tienen su decisión tomada, sino en aquellos que no votaron ni por Noboa ni por González en la primera vuelta, el correísmo tiene un techo electoral bastante definido, y si algo ha demostrado en elecciones pasadas es que tiene dificultades para crecer en segunda vuelta.
Su narrativa de que “el pueblo está con ellos” suena cada vez más como una frase hecha que como una realidad numérica, el candidato presidente, en cambio, con su imagen de líder pragmático y sin la carga ideológica de sus antecesores, tiene más posibilidades de atraer a los indecisos y a quienes votaron por otras opciones en la primera vuelta.
Si los cálculos me son correctos, la migración de votos podría darle una ventaja de entre 200.000 y 400.000 votos al señor presidente, no será una victoria aplastante, estaría en el orden del 2% al 4%, pero en un país donde ganar por un margen estrecho ya es costumbre, será más que suficiente para consolidar su mandato con mayor legitimidad.
Mientras tanto, este balotaje sigue su curso, con un correísmo aferrado a su manual de siempre, un Noboa que juega su carta nacional e internacional y un electorado que tendrá que decidir si quiere volver a lo que ya fue y no funcionó o apostar por una nueva ruta que ya se inició desde noviembre del 2023, para esta Segunda Vuelta.
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