Hadja Lahbib: nace una estrella

Mar 31, 2025

Por José Vales

No. No hablamos de la remake de Nace una estrella, aquella excelente producción de Hollywood de 1976 con la soberbia actuación de Barbra Streisand y Kris Kristofferson. Nos referimos a Hadja Lahbib, la exministra de Relaciones Exteriores belga y actual comisaria europea, que viene de tener sus dos minutos de fama, gracias a sus, hasta ahora, desconocidas dotes para la comedia. Viene de protagonizar el hecho político más importante de la semana en Bruselas. Un video difundido a través de las redes para recomendar el acopio de botellas de agua, alimentos no perecederos, medicamentos, documentos personales, dinero en efectivo, linternas, una navaja suiza, una radio con pilas por si se caen las comunicaciones y hasta un mazo de cartas para entretenerse en caso de emergencia. Se sobreentiende que al no haber fútbol, no poder acceder a “la caja (cada vez más) boba”, que es la televisión, sin TikTok. Una partida al mus o al póker en momentos de emergencia nacional o de un ataque bélico en los sótanos de la racionalidad bien puede ayudar… A que Emir Kusturica vuelva a filmar bajo el tempo de Underground, porque lo que es protegerse, eso es mucho más difícil. 

Es raro que, conociendo la devoción por los maquillajes y las buenas telas de esta descendiente de argelinos, no haya recomendado el acopio de rímel. Ayudaría a mejorar el aspecto en casos de emergencia.

No cabe otra posibilidad que abordar la cuestión en clave de humor o de cierta solfa. En sus videos, ella misma apeló a la chanza para presentar esa suerte de “manual de supervivencia”, que busca homogeneizar una postura con todos los socios de la Comisión Europea. Como si aquel fuese un ensayo para presentar el tema en una reunión de consorcio. Ya se había adelantado el gobierno francés del muy belicista Emmanuel Macron, y ahora Lahbib fue más allá. Demostró sus dotes comunicacionales como la periodista que fue y dejó muestras de que se pudo haber desempeñado muy bien como personal de a bordo de alguna aerolínea presentando las medidas de seguridad del avión y marcando las salidas de emergencia, pero el problema es que es una funcionaria, miembro de esa burocracia que se empeña en impulsar la guerra a como dé lugar, mientras los respectivos gobiernos europeos se muestran funcionales a la administración Trump en la cuestión de elevar el presupuesto general de defensa. El primer avanzado en la materia fue el español Pedro Sánchez, quien planteó la cuestión esta semana que pasó en las Cortes (parlamento), aunque no será el único.

Lahbib cumplió excelentemente con su papel. El guion precisó, a esta altura de los acontecimientos, que genere suspenso, que implante la semilla del temor y ella lo hizo respetándolo a rajatabla. “Es un plan comunitario de preparación ante otra pandemia, una catástrofe natural o incluso un ataque armado dentro de las fronteras europeas…”.

Para algunos observadores, ese plan llevaba terminado varios días o semanas. Los “muchachxs” europeos parece que aprovecharon el siniestro en Myanmar y Tailandia, para colarlo a la opinión pública. Semejantes suspicacias obedecen a que desde hacía unos días andaba rondando un borrador por los distintos despachos de Bruselas y Luxemburgo en el que la Comisión Europea (CE) advierte que el Viejo Continente “se enfrenta a una nueva realidad”, afectada por la incertidumbre y el riesgo, tras el inicio de la invasión a Ucrania por parte de Rusia y a los ataques híbridos o al impacto del cambio climático. 

“Debemos prepararnos para incidentes y crisis intersectoriales a gran escala, incluida la posibilidad de una agresión armada, que afecten a uno o varios Estados miembros”, expresa el Plan aunque en el presentado finalmente por la comisaria ya no incluye la referencia a la posibilidad de un ataque armado “en un futuro cercano”, que se resaltaba en aquel borrador.

Al menos hasta nuevo aviso, o a la espera de que lleguen órdenes superiores. No precisamente de los despachos de la CE, sino de la elite global que maneja las etapas de este reseteo al que se disponen a someter a la humanidad. 

Hasta aquí, Lahbib dio muestras de sus dotes de comediante y de su pasión por “la salsa putanesca” a la hora de hacer los fideos, según una de sus bromas a lo largo de la disertación. En otro pasaje de la presentación sorprendió cuando dijo: “Queremos evitar movimientos de pánico como durante la pandemia, con la gente que iba a las tiendas a por papel higiénico”.

Que se sepa, nadie se murió por salir a buscar papel higiénico. Con lo cual se presume que la próxima vez el encierro será absoluto. Por momentos, la producción con Lahbib en escena, arrojaba un aroma a burla, a la intención de seguir tomando por idiotas a sociedades enteras. Tal vez sea una percepción, a la ahora del análisis, en virtud de los conceptos y valores tan primarios a los que ya nos tienen acostumbrados los miembros de esta elite política en tiempos de la “Post-verdad”.

Habrá que verla, tanto a ella como a la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen y a Josep Borrell (el exministro de Hacienda español a cargo de la diplomacia europea) o al resto del funcionariado, a la hora que el drama los convoque en otro pasaje del guion. Y es que dejó abierta todas las posibilidades: una pandemia, en la que ya la burocracia global —y en este caso la de Bruselas— acumula sobrada experiencia, un desastre natural (siempre a la orden por falta de previsión y obras) y, una guerra, hipótesis central en la que vienen trabajando en conjunto. Un ítem, este, en el que Washington se muestra siempre listo e Israel no deja de “ensayar” en Oriente Medio, como el reciente ataque a Beirut. 

La participación estelar de Lahbib aparece como una demostración más que con funcionarios de este calibre, el único destino, con guerra o algo que se le parezca, es el descalabro. Y, ya en ese estadio, y de no surgir una reacción inmediata,  no serán estos actores los que salvaguarden la paz. Para ello, se necesita una raza de intérpretes con talento de la que no se avizora y lo que es más dramático: tampoco se la espera.



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