Poco se habla de Soledad Padilla, la exasistente de Jorge Glas (alias “Vidrio”). La primera vez que su nombre resonó en mi vida fue allá por el 2023, cuando, casi a finales de año, se filtraron unos audios que dejaron a más de uno con las cejas en alto.
Soledad llegó a la opinión pública como en aquel meme que dice: “Traigo chisme, y lamentablemente soy la protagonista”. Los audios, revelados por La Posta, evidenciaban una relación—digámoslo elegantemente—bastante complicada entre Glas y su asistente.
Al parecer, el exvicepresidente estaba enamorado de Soledad, pero ella (¿alguien puede culparla?) no sentía lo mismo. Esto, según sus propias declaraciones, le trajo serios problemas con su jefe, en lo que parece ser un claro caso de acoso laboral y sexual.
¿Pero quién es Soledad Padilla?
Soledad es una mujer común y corriente de Ecuador, una joven de clase media que, como tantas otras, se vinculó al gobierno del expresidente prófugo Rafael Correa. Con apenas 21 años y recién terminada la secundaria, consiguió un puesto en la administración pública.
Con el tiempo, fue ascendiendo hasta convertirse en asesora, asistente y confidente de uno de los hombres más poderosos de la Revolución Ciudadana: Jorge Glas.
En algunos videos antiguos, Soledad aparece con ropa sencilla, sin lujos ni pretensiones, su precioso cabello castaño recogido con un simple invisible negro. Una imagen modesta, sin mayor ostentación.
Pero con los años, la funcionaria fue transformándose. Pasó de ser una joven discreta a una mujer más producida: maquillaje impecable, cabello pulcro, joyas, auto propio y ropa más refinada.
La mujer más odiada de la RC
A Soledad se la ha acusado de muchas cosas: de ambiciosa, de oportunista, de ser la amante de Glas, incluso de haberle sido infiel. Me hubiera encantado que lo último fuera cierto—habría sido una gran lección de humildad para Glas—pero la verdad, después de investigar, es que Soledad simplemente era una mujer con aspiraciones, con ganas de salir adelante y mejorar su vida.
Lo que realmente logró fue convertirse en una de las mujeres más despreciadas por la Revolución Ciudadana. La misma izquierda feminista que dice luchar por las mujeres la tildó de puta, trepadora y traicionera.
A Soledad Padilla no se le ha hecho justicia. Su historia tiene muchas aristas, muchas sombras y muchas verdades aún ocultas. Ojalá, ahora que ha cambiado de jefe, encuentre un espacio para reivindicarse y contar la verdad.
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