Entre el uno y el otro

Feb 28, 2025

Por Jorge Gallardo

Comentaba la semana anterior cómo la superficialidad en el quehacer humano ha adquirido un poder preocupante. Después de las elecciones del 9 de febrero, por ejemplo, se confirma el aserto cuando se conocen los porcentajes (votos) obtenidos por 12 de los 16 binomios presidenciales que estuvieron en la papeleta. Entre todos estos suman 3.6%. Añádase el 5,2% y el 2,6%, respectivamente, de los ubicados en el tercero y cuarto lugar. Los dos primeros, por partes iguales, se repartieron el 88% restante. Independiente de los motivos que los grandes perdedores tuvieron para participar en la contienda, queda la certeza inequívoca que prefirieron lo fácil por sobre lo responsable, cívico y honesto. Al final lograron solamente hacer un escandaloso ridículo.

Casi que se sabía con antelación cuáles serían los resultados, tanto que no hubo sorpresas. Desde el principio se conocía que la lid sería solo entre dos candidatos. Los triunfadores, inclusive, especialmente en la red social, hicieron virales porcentajes que eliminaban la segunda vuelta. Claramente, no obstante, se trató de una tendenciosa manipulación de cifras, sin perjuicio de sospechas no santas alrededor de encuestas públicas y privadas, más una hecha a boca de urnas, que, finalmente, en su integralidad fueron un fiasco total.

Adelantarse y pronosticar cuál será el binomio ganador en los comicios del 13 de abril próximo, es irresponsable. Es muy complejo predecir qué sucederá con el 12% de los votos en disputa, conseguidos en su conjunto por los otros 14 binomios. Sin que constituya una obligatoriedad de que así sea, eso es de tener asegurado el mismo número de votos, los ganadores del 9 de febrero van al balotaje con el 44% cada uno. Lo que sí es posible, en cambio, es apelar a la trascendencia que tiene para el Ecuador, como país en el concierto de naciones y para los ecuatorianos, en su bienestar y progreso, la consecución del primer poder de la República por uno u otro binomio. Aun cuando el discurso sea coincidente respecto de la necesidad impostergable de mejorar la situación del país en todos los órdenes, es mandatorio saber, por sus antecedentes, cuál es el modelo de gobierno que se implantaría y cuál es el más conveniente para el interés nacional.

Los ecuatorianos escogerán, entonces, entre tener un régimen que fomente acuerdos con naciones exitosas y desarrolladas, o con aquellas visiblemente fracasadas. Uno que promueva el emprendimiento privado, facilite la inversión nacional y extranjera, explote sus recursos naturales protegiendo el medio ambiente, u otro que prefiera la estatización, persiga al empresario privado, dificulte e impida invertir en lo que denomina sectores estratégicos (energía, minería, telecomunicaciones, petróleo). Uno que defienda y respete las libertades de prensa, expresión y opinión, u otro que las acose, las agreda y muestre solo simpatía por la prensa oficial y única, Uno que sea evidentemente duro y firme contra el narcotráfico y delincuencia organizada, u otro blando, sospechosamente descuidado y hasta coqueto con el delito. Uno que no se aferre al poder u otro que quiera eternizarse en él. En fin, entre el uno y el otro hay señales claras y contundentes.



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