El movimiento indígena Pachakutik atraviesa uno de los momentos más críticos desde su nacimiento. La expulsión de seis legisladores de su bancada y la derrota de Leonidas Iza en la Conaie revelan una fractura profunda, tanto en lo político como en lo organizativo. A la par, emergen nuevas figuras, nuevas agendas y una lucha por redefinir el rumbo del movimiento en medio de disputas internas.
El cambio de liderazgo en la Conaie, con Marlon Vargas al frente, ha intensificado tensiones históricas entre las dirigencias territoriales y la cúpula nacional. Esta coyuntura evidencia una transición generacional y una pugna ideológica que pone a prueba la capacidad del movimiento para articular su proyecto político en un escenario complejo.
Según Santiago Cahuasquí, investigador del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina, Pachakutik atraviesa una doble transición: por un lado, responde a la reconfiguración del poder político en el país con el liderazgo de Daniel Noboa; por otro, enfrenta el vacío que deja Iza tras una gestión que, a su juicio, fue vertical y generó fisuras internas.
Cahuasquí sostiene que la separación legislativa refleja una búsqueda de autonomía dentro del movimiento. Varios asambleístas intentan ahora trazar su propio camino, alejados de la línea impuesta por la anterior conducción de la Conaie. Además, recuerda que Pachakutik no ha sido nunca un apéndice automático de la organización indígena, sino un actor político con identidad propia, que ha tenido desencuentros incluso en momentos clave de la agenda legislativa.
Para el nuevo liderazgo de la Conaie, el desafío está en reconstruir puentes con los actores políticos y sociales marginados durante la era de Iza, y recuperar los mecanismos de consenso propios del movimiento. Esto cobra aún más relevancia en un contexto en el que el presidente Noboa proyecta, según Cahuasquí, un estilo de gobierno cada vez más centralizado.
Alondra Enríquez, consultora política, coincide en que la salida de los seis legisladores responde a una reacción de Iza frente a quienes se alejaron de su línea ideológica. Sin embargo, observa que los disidentes han adoptado posturas matizadas y no necesariamente alineadas con el Gobierno, como demuestra su abstención frente al caso del alcalde Pabel Muñoz.
Para Enríquez, Pachakutik vive una transformación generacional inevitable. Los nuevos liderazgos poseen formación técnica, manejo de redes y fuerte anclaje territorial. La pérdida de figuras como Yaku Pérez no ha desestabilizado al movimiento, que ahora se abre a liderazgos femeninos con enfoques feministas desde una perspectiva indígena.
La analista Sofía Guerrero añade una visión más crítica: la ruptura legislativa no fue una decisión voluntaria, sino una sanción impuesta por Iza, que evidencia una fractura estructural en Pachakutik. En su análisis, la derrota de Iza no es aislada, sino el desenlace de un liderazgo cuestionado por su acercamiento con el correísmo y su desconexión con las bases.
Guerrero subraya que Iza se alejó de las decisiones partidarias y perdió legitimidad en sectores que hoy buscan retomar los principios fundacionales del movimiento indígena. En ese camino, figuran liderazgos como los de Guillermo Churuchumbi y Marlon Vargas, que representan una visión más orgánica, horizontal y alejada del personalismo.
En definitiva, Pachakutik enfrenta no solo una crisis interna, sino también el desafío de redefinir su identidad política, recuperar la confianza de sus bases y responder a las exigencias de una nueva generación de militantes y dirigentes que ya no aceptan estructuras verticales ni decisiones impuestas desde arriba.
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