Obligatorio cambio positivo

Jul 23, 2025

Por Jorge A. Gallardo Moscoso

La sucesión de hechos desagradables marca cada día al Ecuador. Sus habitantes parecen (mal) acostumbrados a que así sea. Los eventos tienen como protagonistas a delincuentes lo mismo que a personajes que, por su condición de dignatarios de elección popular o funcionarios de altos cargos, deberían ser titulares de prensa por su conducta ejemplar y no por todo lo contrario.

Fito es recapturado y se escribe una novela sobre su aprehensión; fue extraditado a Estados Unidos, se declaró no culpable y pronto cantará (¿a quiénes no les gustará que lo haga?; un asambleísta casi niño dibuja durante una sesión y se lo llena de agravios; ese mismo legislador tiene empleados a su mamá y a sus hermanos en la Asamblea, que han sido despedidos, lo mismo que a unos 40 consanguíneos de otros parlamentarios. Un colega suyo está acusado de violación a una menor de edad y está preso; es el mismo que con otros 10 compañeros de bancada quieren una ley que permita el consentimiento sexual a partir de los 14 años. Mientras, las ternas para elegir al nuevo presidente del Consejo de la Judicatura se presentan, se desbaratan, se acomodan y se vuelven a tocar con evidente pretensión de meterle más mano a la justicia. Y la Corte Constitucional analiza la inconstitucionalidad de las recientes leyes vigentes provenientes del Ejecutivo; los vocales súper prorrogados del Consejo Nacional Electoral celebran el anuncio presidencial de referendo para diciembre porque quieren quedarse en los puestos la vida entera; una veintena de municipios están vinculados con las mafias que manejan el tránsito vehicular; la minería ilegal se extiende vertiginosamente y… así por el estilo.

Si estas cosas no dejan de repetirse y ampliarse es prácticamente imposible ir en contra de los que tienen la seguridad de que “el país no tiene arreglo” y así “seguirá siendo siempre”. Qué gran oportunidad tiene el gobierno central, igual que todos los gobiernos seccionales y los otros poderes estatales de desmentir categóricamente que “esa realidad” sea indestructible. Es verdad, no puede cambiarse todo de la noche a la mañana, pero sí debe reflejarse el propósito de hacerlo con acciones inmediatas y efectivas, que den buena cuenta de la transformación positiva que exigen los ecuatorianos para vivir mejor, sin los sellos de la corrupción, la salvaje inseguridad ciudadana, la manifiesta inseguridad jurídica, la burocracia insaciable. Lograrlo, por supuesto, es un trabajo que no excluye a nadie. Requiere de la fuerza, decisión y patriotismo de la totalidad de la población ecuatoriana. Ojalá así sea.



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