Gracias a la suerte, al capricho de Lenin Moreno y a los errores del correísmo nos libramos de terminar como Venezuela, Nicaragua o México, nos libramos de vivir secuestrados en nuestro propio país por una pandilla de políticos que quería controlar la información, el poder judicial, el poder legislativo, hacernos dependientes de China y robarse los recursos del país.
Esas condiciones se van creando poco a poco, pero acumulativamente; se comienza doblegando autoridades y mintiendo, después se amenaza a los periodistas independientes, se incautan medios de comunicación y se dictan leyes que atiborran de poder al ejecutivo hasta convertirlo en caudillo.
Algunos comportamientos del partido de gobierno, en el ejecutivo y la legislatura, tantean ese camino. Muy pocos se escandalizan, menos denuncian y los demás toleran resignados, tal vez con la esperanza de que es imposible volver a donde ya estuvimos. No necesitamos reformas para dar más poder al ejecutivo, sino para poner más controles al poder.
Si dejamos pasar actitudes no democráticas, después no tendremos reclamo. ¿Otra vez verdades con cien versiones como en el caso Fito? No, por favor. ¿Otra vez premios para los tránsfugas y para los fieles palmaditas? No, por favor. ¿Otra vez metida de manos en la justicia? No, por favor. ¿Otra vez controlar a los controladores? No, por favor. ¿Otra vez pasarse por encima de las leyes y de la Constitución?
Repetir la eliminación del debate político, utilizar brazos mecánicos como el CPCCS, el Consejo de la judicatura y el CAL para meter mano en los órganos de control, la justicia y la legislatura, No, por favor, no otra vez. No se trata de oponerse al gobierno, sino de exigirle definiciones.
Un gobierno de derecha no tiene que disfrazarse de nada, pero debe definir los principios que defiende: las libertades individuales, la igualdad ante la ley, la solidaridad con los desposeídos. El poder con límites define a la democracia, la vigilancia del poder define al ciudadano.
0 comentarios