Piropo y acoso callejero, ¿son lo mismo?

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La socióloga Sara Veintimilla dice que es nocivo considerar a los piropos como halagos: “Creen que se deben aceptar y que debemos sentirnos bien, porque así se supone que somos atractivas”.

Por su parte, José Alvarado, docente de Historia, rechaza las agresiones verbales hacia las mujeres, pero menciona que, históricamente, el piropo es una forma de halago para enfatizar las cualidades y la belleza: “Con mucha educación, claro”.

Ana Almeida, coordinadora del colectivo Marcha de las Putas, resalta que el piropo y el acoso callejero no son lo mismo, pero afirma que no porque el uno no sea agresivo significa que está bien: “Las mujeres no necesitamos aprobación de las personas. El piropo se disfraza de inocente, pero es una intromisión abusiva”.

Miradas

Para Alvarado, todo depende de la manera en cómo se digan las cosas: “Mucho depende el tono de voz, la forma de mirar, pero tampoco podemos volvernos una sociedad retraída donde nadie pueda ver a nadie”.

Veintimilla considera que es momento de evolucionar. “No porque históricamente se ha hecho así, está bien”, enfatiza.

Ella como Vera sostienen que detrás de los piropos hay cánones de belleza y presión estética: “Las mujeres no estamos pidiendo permiso a los hombres para existir en el mundo”.

Estas actitudes, resalta Vera, naturalizan el hecho de ver a las mujeres como objetos, tanto de exaltación o de denigración: “Aún creen que en el espacio público nos pueden calificar”.

Vera resalta que se debe enfrentar el acoso callejero: “No correr, no huir, no sentir vergüenza”. Veintimilla, coincide: “Quieren manipularnos diciendo que si estás en contra del acoso callejero o los piropos es porque eres amargada o fea si no, no te importaría”. (La Hora)

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