1.260 contenedores custodian las raíces históricas de Quito

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Es el subsuelo de una construcción de dos pisos en un barrio de Quito: edificios, urbanizaciones, guardias de seguridad, conductores de autos atendiendo el teléfono. Por la mañana, la luz entra diagonalmente por una fila de ventanas que está muy cerca del techo. Hay dos habitaciones y en cada una de ellas, contenedores rectangulares de 40 cm de ancho por 30 cm de alto.

En la sala más grande hay un pasillo largo que se forma en el medio y está delimitado por pilas de contenedores. Estas pilas, a su vez, forman pasillos más cortos a cada lado de la sala. Las vasijas de color rojizo sobresalen en el fondo y contrastan con el tono de las estanterías en las que están ordenadas.

Afuera la temperatura ambiente es de 22 °C pero adentro se mantiene en 18,6 °C. Los arqueólogos Dayuma Guayasamín y Andrés Mosquera destapan un contenedor y miran adentro como si estuvieran abriendo un cofre de tesoro. Mosquera saca una vasija pequeña y dice que como está completa es “museable” (apta para el museo).

La sostiene por un rato y revisa los datos de su procedencia. Se trata de una pieza encontrada en el sector de La Florida, ubicado a unos kilómetros al norte de ahí. Es de la época de Integración Tardía (900 d.C. – 1.500 d.C.) y forma parte de los miles de bienes materiales que reposan en 1.260 contenedores, almacenados en el Centro de Interpretación, de la Reserva del Parque Arqueológico y Ecológico Rumipamba.

1260-contenedores-custodian-las-raices-historicas-de-quito-imagen-1- 20180211111936-682x512 512b5Preservación

Todo está rotulado. Desde el letrero de la entrada donde se lee que solo se permite el ingreso de personal autorizado, hasta la etiqueta que muestra el código de ocho dientes guardados en una pequeña funda en el fondo de un contenedor.

518 objetos están inventariados en el Sipce.Para trabajar ahí, los arqueólogos tienen que utilizar guantes y mascarillas. Hay contenedores plásticos y de madera. Las tapas de algunos están cubiertas por finas capas de polvo y hay otras selladas con cinta adhesiva.


“Hay trabajo al menos hasta el 2024”, asegura Dayuma Guayasamín y se ríe bajito. El espacio es silencioso y poco húmedo. 59% de humedad refleja el medidor electrónico que está siempre activo para monitorear las condiciones.

1260-contenedores-custodian-las-raices-historicas-de-quito-imagen-1- 20180211111820-682x512 c1939Dayuma Guayasamín

“La arqueología es cuestión de sentido común”, dice con una sonrisa fugaz. Dayuma Guayasamín es arqueóloga, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, y cursó una maestría en Perú. Para ella, los pequeños detalles son importantes porque ayudan a recrear ambientes cotidianos.

Se desplaza por la bodega de la reserva con la seguridad de quien ha destapado los contenedores cientos de veces. Saca de uno de ellos una vasija que le cabe en la mano derecha. En otra época, manos distintas a las de ella le dieron forma y también la olvidaron sobre una estera. La cerámica se coció y en la base se quedó el relieve de las líneas que no se ha borrado ni con el paso del tiempo.

Quizá alguien podría pensar que tienen un significado ritual, pero no. Son producto de un descuido. “Toda la información nos muestra que nuestros antepasados fueron personas como nosotros”, dice Guayasamín.

Fuente: La Hora

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