Jorge Yunda y las élites

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Por Felipe Burbano de Lara

Jorge Yunda tiene una tarea difícil por delante: convencerle a Quito –especialmente a los sectores medios y altos del norte– que puede involucrarse seriamente en los problemas de la ciudad y darle las soluciones que requiere, más allá del exitoso –aunque cuestionado– empresario radial y del espectáculo musical popular que es. Las fortalezas electorales de Yunda provienen principalmente del sur de la ciudad y de las parroquias rurales, mientras que en el norte el gran vencedor fue César Montúfar. Quienes siguieron de cerca su campaña destacan el largo trabajo desplegado en el sur, sus recorridos por los barrios populares para divertirlos con juegos de ecuavóley, y los megaeventos musicales en múltiples sectores periféricos de la ciudad. Otros recuerdan sus alucinados proyectos de autopistas elevadas en la 10 de Agosto y el famoso estadio en la Mitad del Mundo.

Yunda encarna lo popular, esa categoría del sistema de identidades políticas que opera con fuerza en América Latina y que se constituye a partir de una relación conflictiva, diferencial, con las élites políticas modernizantes e ilustradas y las clases altas; pero lo hace desde un ángulo muy original: una persona de origen humilde –campesino de Guano– cantante de orquesta, con un título de cirujano –nada más y nada menos– y empresario exitoso no desligado de las expresiones y gustos culturales del mundo popular urbano y rural. Chabacano en su lenguaje y actitudes, según quienes lo conocen.

Yunda tiene un problema político muy complejo en el municipio porque será un alcalde de minoría con solo tres concejales, mientras el resto de fuerzas seguramente tenderá a polarizarse alrededor de un eje correísta-anticorreísta, dado el bloque de nueve concejales de la Revolución Ciudadana. A ese juego político en el Concejo se sumará otro: el de los equilibrios socioculturales y clasistas entre los de abajo y los de arriba. Si bien Yunda apela a lo popular, no lo hace desde una lógica populista de antagonismo con las élites. Más bien abre el campo de representación de la política municipal a los sectores bajos, desde su condición de hombre humilde que ha triunfado en un mundo social y cultural adverso. Los sectores populares podrán sentir con Yunda más proximidad al municipio que en otros momentos. Pero las élites tienen sus propios mecanismos de deslegitimación de quienes llegan a la política desde mundos sociales y culturales distantes y no se subordinan a ellas: los memes que circularon por las redes sociales apenas ganó Yunda mostraron las estrategias clasistas y racistas en su contra. Para las élites políticas ilustradas y la clase alta quiteñas el triunfo de Yunda fue un balde de agua fría, una bofetada a Quito, como la definió César Montúfar.

En el terreno de las identidades Yunda puede ser una especie de bisagra entre dos mundos. Ha dado pasos iniciales muy importantes para tranquilizar a las élites, en una muestra de astucia política. Pero falta mucho más para ganarse su confianza sin sucumbir a su poder y presiones. El éxito de Yunda dependerá en este campo de las identidades que activó su triunfo, de su capacidad para operar como una síntesis compleja entre dos mundos distanciados cultural y espacialmente. Y él ha dicho, con claridad, que no tiene jefes ni ídolos; será él mismo, con su autenticidad y sus ambiciones políticas a cuestas.(O)

Fuente: El Universo

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