Alcahueterías y elecciones descerebradas

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Por Francisco Swett

¿Se ha Ud. preguntado por qué hay 82.000 candidatos para las diferentes dignidades a elegirse el 24 de marzo? Aparte de la crisis de empleo y la promesa de la alta rentabilidad del servicio público hay otro factor determinante: el financiamiento electoral por parte del Estado. En el esquema vigente, que consagra una verdadera alcahuetería, los pagos se hacen a los medios que transmiten las propagandas políticas, conociéndose que en muchos casos se pactan descuentos por el pautaje; los beneficiarios son los “dueños” y dirigentes de los partidos que reciben las “propinas” del 20 % del valor contratado. Entre los casos insólitos del financiamiento electoral se incluyen los valores entregados a la Lista 5, cuyo dueño está en la cárcel mientras la propiedad de su empresa política le permite captar rentas considerables luego de haber hecho el pacto de “leasing” con los candidatos correístas. El arrastre de la corriente del malgasto público y desperdicio de los dineros de los contribuyentes es tal que, para cubrir las plazas de candidatos y recibir los repartos, se proponen nombres y personas que ni siquiera conocen, no se diga viven en, los cantones en los cuales son candidatos (o candidatas) para alcaldes.

He ahí una razón poderosa que explica la afluencia de aspirantes de todas las variedades posibles. Se puede concluir que, salvo las excepciones que siempre existen, para terciar en las elecciones se requiere no haber pagado impuestos, ser desconocido y no tener idea alguna de lo que significa el servicio público. La Contraloría deberá tomar nota de este descalabro de la democracia e instancia de corrupción.

En otro orden de análisis, el Cpccs, ente concebido a manera de politburó para consolidar el totalitarismo previsto en el Plan de Negocios de Montecristi fue utilizado por Correa para sembrar el Estado con sus adeptos y borregos. En la práctica no lo necesitó pues, a través del mecanismo mañoso de la asignación de escaños por el método D’Hont modificado, con menos del 50 % del voto popular se llevó más de las dos terceras partes de las curules y procedió con la expoliación ya conocida. El Consejo presidido por Julio César Trujillo, en contraste, ha probado ser una instancia de responsabilidad cívica e instrumento de desmantelamiento, aun cuando parcial, del correato. Sucede, sin embargo, que para ser candidato al Consejo y no romper la ley hay que quedarse callado mientras el CNE maneja los hilos de la elección a su manera en un absurdo galimatías que demuestra la ausencia alarmante de cultura política en el país. El ampulosamente denominado Código de la Democracia es ambiguo en su redacción y da paso a interpretaciones diversas de los resultados si los votos nulos superan a los del candidato que obtenga los mejores resultados. Correa, por su parte, ha anunciado que se apoderará del Consejo y volverá a adueñarse del país.

Es hora de pensar en fundar una nueva República. Un país renovado que inicie el largo proceso de recuperar el tiempo perdido deambulando entre populismos, socialismos y centralismos que nos han dejado en la búsqueda, hasta el momento infructuosa, de nuestra propia identificación como nación.


Fuente: Expreso

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