La estrategia de Guaidó

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Por Walter Spurrier Baquerizo

Derrochó simpatía e irradió optimismo Juan Guaidó en su rueda de prensa y conversación con la sociedad civil en Salinas hace una semana. Nos ofreció pincelazos del colapso venezolano. La producción petrolera del país de las mayores reservas mundiales ha colapsado a 600.000 barriles. En el estado Amazonas, el ELN colombiano y Hezbolá, la organización terrorista libanesa, explotan las minas de oro.

Guaidó anunció su inmediato retorno a Caracas desde Guayaquil. Ante los resquemores de los presentes de que fuera apresado a su llegada, ya que Maduro le había prohibido salir, Guaidó se manifestó seguro de que eso no tendría lugar y que su próximo paso era acercarse a la burocracia para programar paros escalonados.

En Salinas, la última etapa de una gira continental, el presidente interino reiteró lo dicho en escalas anteriores: en la lucha por desalojar a la gavilla petrocleptocrática del poder, todas las opciones están abiertas. Eco de la amenaza de Trump, de una intervención militar.

Trump habla antes de pensar o de informarse. No es cierto que la intervención militar esté sobre la mesa. En EE.UU. se opondrán las Fuerzas Armadas, que aprendieron en Irak y Libia que es fácil derrocar a un dictador sangriento de un Estado fallido, pero que el caos resultante es incontrolable. En diciembre el general Mattis, entonces secretario de Defensa de EE.UU., declaró que lograr la salida de Maduro “le corresponde al pueblo venezolano, y a los estados regionales del área, contribuir a expeditarlo”.

Los gobiernos sudamericanos que presionan la salida de Maduro no apoyarían una intervención militar estadounidense. Tampoco estarían dispuestos a organizar una fuerza expedicionaria regional. Por último, una intervención militar, aunque fuese de la región, probablemente sería impopular en Venezuela y le ganaría apoyo al Gobierno.

Los gobiernos represivos no caen porque los tumban fuerzas rebeldes: se desmoronan. Pierden el apoyo de los pilares de su poder. En Rusia, en 2017, al día siguiente de disparar a obreros manifestantes en San Petersburgo, los cosacos se negaron a seguir masacrando al pueblo y se sumaron a la revolución. Para entonces Lenin estaba en Zúrich, Trotsky en Nueva York, Stalin preso en el Gulag. En Cuba, Batista tomó el avión para Miami cuando Fidel y sus barbudos estaban lejos de La Habana.

La estrategia de Guaidó es socavar el apoyo al gobierno de Maduro. Por eso su primera acción una vez de vuelta es acercarse a los sindicatos públicos. Cuando salió a Cúcuta e inició la gira por Sudamérica, hizo hincapié en que las Fuerzas Armadas no se lo impidieron.

En la represión exitosa del intento fracasado de ingresar ayuda humanitaria a Venezuela, Maduro contó más con sus pandillas de delincuentes armados que con las Fuerzas Armadas. Podría ser que los soldados rasos y oficiales de bajo rango ya estén descontentos con el Gobierno.

¿Tendrá éxito esta estrategia? Millones de venezolanos ya han expresado su pesimismo, dejando atrás empleos, negocios, familia, en búsqueda de un futuro mejor en el extranjero. La caída de Maduro es como un terremoto donde existe una falla geológica: es inevitable, pero puede tomar mucho tiempo en tener lugar.

La tarea de Juan Guaidó es acelerar este proceso. (O)

Fuente: El Universo

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