Las secuelas del engaño

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Por Francisco Swett

Cada día, con la precisión de un carrusel, se destapan nuevas barbaridades y asoman los perpetradores de los males que se viven en el país. Desfilan las imágenes del hipócrita que proclamaba que a los corruptos hay que cortarles las manos (¡debe haber cambiado de opinión!), y la del otro que hacía “transacciones privadas” con dineros públicos. Nos enteramos de la inexplicable pérdida de la documentación de la deuda al tiempo que el contralor presenta sus denuncias que involucran al mismísimo capo. Desfila la ministra de Finanzas con su aparente autosuficiencia, demostrando que no solo que no entiende la materia de las finanzas, sino que abiertamente contradice al presidente. Se apodera finalmente de la conciencia colectiva el latente peligro de la insurgencia armada y asesina en la frontera norte.

Son las secuelas del engaño que se instauró en enero de 2007 y que, con diferente estilo, pero con muchos de los mismos actores continúa hasta el día de hoy. Fuimos sorprendidos con la noticia del presunto asesinato de los rehenes de las FARC, hemos experimentado con tristeza e indignación la muerte de los tres efectivos militares en las escaramuzas, y nos conmueven los atentados que casi a diario anuncian que vivimos una realidad extraña a nuestro medio. Ante estos acontecimientos, la canciller y la vicepresidente, tan prestas para defender a Maduro, han brillado ignominiosamente por su silencio. Es grave la aparente impavidez de los personeros del Alto Mando, que dan la impresión de no saber qué hacer. Alguien los ha llamado soldaditos de plomo, y si, efectivamente, lo de la frontera norte no se resuelve pronto y definitivamente, su liderazgo habrá terminado, con serias implicaciones para la salud política del Gobierno.

Las raíces de la disfuncionalidad son profundas y van más allá de los personajes anodinos. Su origen se remonta al régimen de RC, y continúa hoy con un ministro de defensa que es otro monigote sacado del SSXXI: admirador de Maduro e ignorante de la actividad e institución sobre la que preside. Es integrante del grupúsculo liderado por Patiño, que considera que las Fuerzas Armadas deben estar al servicio del Gobierno y no de la nación. Tan maliciosa y perversa ha sido la consigna de la destrucción que, luego de diez años, lo que queda son las muestras palpables y materiales de una institución hecha añicos, desprovista del armamento requerido, en situación de indefensión ante la violación consuetudinaria del espacio aéreo por los carteles de la droga, y con un sentido poco claro de su misión. Es un triste espectáculo dado por la sucesión de actores militares que, en grupos notorios, decidieron que la defensa de sus prebendas era lo que más importaba, al igual que sus condecoraciones, uniformes, charreteras y ceremoniales.

¿Quién necesita un gobierno así? El mandatario aparece dubitativo y sin la firmeza necesaria para dar los golpes de timón requeridos. Debe dejar de lado las querencias personales e ideológicas, pues no se trata de seguir gobernando con incapaces, de poca monta, que no tienen idea de la magnitud de los problemas que afrontamos. Es la hora en la que se mide al líder, y se justifica su presencia en el cargo.


Fuente: Expreso

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