Que tire la piedra el libre de culpa

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Por Antonio Kure

Estamos pasando una dura prueba al tratar de acabar con la corrupción insolente que, por su volumen y desparpajo, ha esclavizado al pueblo ecuatoriano durante los pasados diez años en que Satán tiranizo al Ecuador.

Asombro cubre al alma cuándo algunos dignos ciudadanos, que por su excepción confirman la regla.

Actualmente analizar si su honestidad se debe a una buena educación familiar, estuvieron solos en la Amazonía, o son perfectos pendejos; es materia debatible entre la ‘suciedad’.

Propios y extraños con sus declaraciones y su variabilidad causan perplejidad.

Las ideas del presidente Moreno en el fondo suenan bien intencionadas, pero su comportamiento es totalmente ilógico.

Cómo explicarse que ha demostrado el Presidente actual que la mesa quedó sin servirse, y más que eso que sus anteriores amigos se habían robado el juego del comedor. Más, sin embargo, usa a los mismos, cocineros, proveedores, pajes y “nutricionistas”.

Buscamos explicación incluso en la zona incorpórea: Imposible de hallarla.

Se puede llegar hasta que reemplazar a todos en corto tiempo es difícil; empero, que Correa y su pandilla esté suelta (se puede aseverar que está incluso pagada por nosotros a través de personas que dependen de los Estamentos del Estado) Es sencillamente inadmisible digerir.

Deja de ser un sofisma constatar que una persona que a duras penas usaba chancletas, hoy pueda ser dueña directa o por conocidos testaferros de fortunas que son múltiplos de miles de veces lo lícitamente cobrado; aunque se duda mucho que se hubiese correctamente devengado.

Las pruebas de peculado, actos de lesa humanidad, abusos, genocidios… para todos los de la argolla están más claras que la luz del día: ¿Y seguimos de zoquetes?

Hasta ahí duele hasta llevarnos a un shock: O sea a un estado en el que entra el cuerpo cuando no recibe aporte suficiente de oxigeno por falta de actividad neuronal.

Empero, así como señalo a corruptos que integraron su gavilla eufórica de cinismo y boqueaban por despojar; es imperioso preguntarse ¿Cómo lo pudieron hacer solos?

Viene a la memoria una charla que al mejor estilo Luis Barrionuevo en la década del 90, al disertar en un almuerzo del Rotary Club afirmó que “con sólo poner preso al 2% de los empresarios corruptos terminamos con el 90 por ciento de la corrupción”.

Lejos del discurso que les gusta escuchar a sus habituales aplaudidores, González Fraga argumentó: “Querría un país sin corrupción, sin empresarios corruptos. Los países que lograron combatir la corrupción son porque metieron presos a los privados”.

Ante un auditorio absorto. González Fraga concluyó: “Desde el sector privado tenemos que entender que los que podemos solucionar el problema de la corrupción somos nosotros. Siempre va a haber un funcionario público que acepte alguna coima, pero si al menos uno de cada cincuenta empresarios es sancionado, con eso se acaba la mitad de la corrupción. La ética no es algo que se practica los domingos cuando vamos a misa y hacemos caridad. El tema es ser moral de lunes a viernes ".

La corrupción que aqueja al país se padece en el día a día: los pequeños pagos para evitar una multa, hacer un trámite, el que excede la velocidad, hasta los grandes sobornos que da la iniciativa privada (nacional y extranjera) para obtener multimillonarios contratos, autorizaciones y permisos de los gobiernos, y hasta municipales.

En México el costo de la corrupción asciende al 4 por ciento del producto interno bruto anual: alrededor de 740 mil millones de pesos (La Jornada, “La corrupción destruye; cuesta al año 4% del PIB: Julio A Millán”, 27 de octubre de 2015).

Y es más evidente y cuantiosa en países como China, Corea del Norte, Cuba y Venezuela.

En la corrupción doméstica también hay botones de muestra: uno de ellos es el del Grupo del Club de Enloquecidos por el Dinero que compran, venden, consignan y hasta se jactan de sus nexos con políticos, que incluyen al propio presidente.

Y es que, si en verdad existiera un compromiso para terminar con este flagelo, ya habría acciones contundentes en contra de todos aquellos que incurren en este tipo de ilícitos, que tanto daño hacen a la sociedad. En especial, en contra de empresarios, banqueros, políticos y servidores públicos de primer nivel.

Y es necesario pensar en CERO corrupciones. Uso indebido de atribuciones y facultades, enriquecimiento ilícito, desaparición forzada de personas, ejercicio abusivo de funciones… Pues permite, entre otras cosas, la operación del crimen organizado; el narcotráfico; el terrorismo de reciente importación que se presume ya se ha sembrado en nuestro bello Ecuador.

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