Pena y delito en la Grecia homérica (II)

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Por Ramiro García F.

En los poemas homéricos encontramos una descripción no solo de las vicisitudes de la guerra o relatos sobre dioses y héroes, sino sobre todo la descripción de las condiciones en las que se desenvolvía la sociedad de aquel entonces. Como señala Calhoun, la Ilíada y la Odisea son, sin duda, los cuerpos más grandes e importantes de evidencia de la historia remota de las instituciones europeas, así como el punto de inicio de cualquier investigación histórica respecto a la vida y el pensamiento del mundo occidental.

Un primer aspecto que debemos tomar en cuenta radica en que la narración homérica se hace a base de mitos, esto es historias de seres sobrenaturales, consideradas como absolutamente verdaderas y sagradas, siempre referidas a la creación; el relato de cómo algo ha llegado a existir o cómo se ha fundado una institución. El mito cumple la función de diseñar una imagen del mundo, en la que el universo se cimienta en una jerarquía de poderes sustentada en vínculos de dominación y sumisión, de manera que los dioses, y en forma predominante Zeus aparece en la religión griega como fuente absoluta de sanciones y recompensas; y es a partir de estas reglas de naturaleza religiosa que se elabora un concepto de justicia que excede el plano meramente humano, pues a partir de las reglas religiosas se crea una costumbre de carácter obligatorio que sujeta a los seres humanos a sus preceptos, mediante amenazas y promesas de castigo. Se liga, por tanto, en el pensamiento griego original el control, el castigo y lo divino, estructura que se reeditará en épocas posteriores y que explica cómo muchas de las instituciones penales occidentales presentan una génesis netamente religiosa.

Ya hemos analizado anteriormente que la sociedad greco micénica no contaba con leyes escritas o códigos. Esto no significaba, sin embargo, que los griegos de la época micénica no cuenten con una concepción jurídica de su sociedad y que no tuvieran claro lo que constituía una falta y la forma en que esta debía reprimirse.

La justicia y la concepción jurídica del delito difería en mucho en el mundo homérico y en el ateniense posterior. La Grecia micénica y la Grecia clásica o ateniense tuvieron diferentes procedimientos para resolver conflictos y administrar justicia, es más, en la época homérica, la necesidad de reaccionar a un acto lesivo era más una cuestión de honor que de justicia, pues el concepto de delito no existía aún, y es el honor de la persona involucrada y los efectos de una acción particular a la integridad de dicho honor el que determina si esta acción es aceptable o no. La justicia preaeropaguita, esto es aquella que se impartía antes de la creación del Aerópago en Atenas, tenía una naturaleza totalmente diferente a la que posteriormente se impartiría en este. En el Aerópago acudían los familiares de la víctima de un homicidio, a fin de solicitar que se condene al responsable de este acto. En la justicia preaeropaguita acudía el supuesto autor del homicidio a reclamar que la venganza buscada por los parientes de la víctima era injusta, porque contravenía a las reglas relativas al sistema de venganza.

En cuanto al homicidio, su primera referencia como delito se encuentra varios siglos después, en el Código de Dracón; sin embargo, vale resaltar que ya había un sistema de reacción frente a esta conducta, que tenía como núcleo la venganza privada y eventualmente el pago de una cantidad a los familiares de la víctima (blood money) o simplemente el destierro. En las obras homéricas se relatan trece homicidios, aparte del de los pretendientes de Penélope, de los cuales ocho terminan en el exilio. Por cierto, no se diferencia la muerte ocasionada en actos de guerra, que aquella que se produce en una riña o una emboscada. En todos los casos, se generaba una obligación de venganza y eventual reparación, que dependía obviamente de la capacidad física y poder de los parientes y del autor del hecho. Cuando la víctima o víctimas eran de nivel social alto, el conflicto podía llegar a la guerra civil, como habría sucedido en caso de Ulises no llegar a un acuerdo reconciliatorio con los familiares de los pretendientes de su esposa Penélope.

La fórmula del homicidio era simple, si A mata a B o a uno de sus hombres, los parientes y compañeros de B deberán matar a A o a alguno de sus hombres, y este esquema de venganza de sangre correrá ad infinitum. Este esquema de venganza en el que un homicidio aislado y accidental pudiera privar a una sociedad de varios de sus mejores elementos, además de inconveniente, aparece ya superado en la sociedad descrita por Homero, en el que el exilio en algunos casos y el pago de una multa en otros, aparecen como sanciones suficientes. (O)

Fuente: El Universo


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