La hora cero de la economía

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Por Felipe Burbano de Lara

El gran dilema de Lenín Moreno es cómo convertir a los empresarios en socios de su gobierno sin quedar atado a las exigencias de un programa que debilite al Estado y deje por fuera un sano principio de economía política en el nuevo horizonte. Hasta el envío del polémico proyecto de Ley Económica Urgente, el Gobierno había jugado a la simulación: acercarse, dialogar, ofrecer cambios, mostrarse amable, pero no hacer nada o muy poco. La ambigüedad derivaba de un hecho difícil de explicar: ¿por qué Moreno mantenía al equipo económico del Gobierno anterior cuando había criticado duramente la herencia recibida?

Se tejieron dos hipótesis para explicar la postura contradictoria: si ellos produjeron el enredo, pues ahora que nos saquen del hueco. Absurda hipótesis porque los lineamientos de la economía los definía Correa con una cierta asistencia técnica de su equipo. La otra explicación podría ser más convincente: la economía seguirá siendo, a pesar de las críticas al modelo anterior, un ámbito de manejo estatal descorporativizado para preservar una línea de ajuste que evitara costos sociales y mantuviera autonomía decisional en el Estado. Eso significaría que el ajuste y la nueva política se mantendrían dentro de un enfoque de economía política –además de una perspectiva heterodoxa– para no inclinar el balance de poder a favor de los más ricos. Los argumentos del ministro de Economía, Carlos de la Torre, en defensa del proyecto urgente han ido en esa dirección.

Si el objetivo de Moreno ha sido no sucumbir a los intereses empresariales en la redefinición de la política económica, hacerlos socios sin subordinar el Estado a su poder, hoy ese objetivo se encuentra en peligro. Lo que se produjo con el proyecto fue una avalancha de críticas e impugnaciones desde múltiples frentes empresariales, mientras los economistas críticos del modelo correísta cuestionaron su solvencia técnica. Las dos posiciones han colocado al Gobierno contra las cuerdas.

La polémica se encuentra en un punto decisivo. El Gobierno voló del equipo a dos personajes importantes, entre ellos el polémico Patricio Rivera, pero dejó a De la Torre como ministro. A la vez, ha decidido mantener el proyecto, pero saldrá con tantas modificaciones que será un híbrido con dos objetivos, ambos a mitad de camino: cuidará la economía política del ajuste para no caer en una visión tecnocrática de neutralidad, pero hará concesiones mediante ajustes técnicos. De la Torre ha seguido defendiendo el proyecto con firmeza a pesar de la avalancha de críticas. No obstante, hoy parecería estar solo y aislado.

Se trata de un momento anticipado de conflicto sobre la política económica, porque el Gobierno tendrá que hacer una definición crucial en estos días entre un enfoque de economía política –la línea que prevaleció en el anterior Gobierno– que pone de por medio las relaciones de poder en el manejo económico o un enfoque más ortodoxo, con ajuste de por medio, que corrija sin mayores miramientos sociales –el costo será inevitable dirán– los desequilibrios fiscales y monetarios para reactivar la inversión privada.

Si Moreno quería esperar a que ocurriera la consulta para luego agarrar las riendas de la economía, se equivocó con la presentación de un proyecto que agravó sus contradicciones y lo obliga a tomar definiciones claras con la reconformación del equipo económico. Le llegó la hora cero a la economía. (O)

Fuente: El Universo

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