La inflación que no hay

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Por Vicente Albornoz

Al igual que una golondrina no hace un verano, un mes de caída de precios no significa una deflación, pero por ahora no se ve ninguna fuerza que vaya a jalar los precios hacia arriba y puede ser que tengamos un buen período de caídas de precios a partir del segundo trimestre del próximo año.


Agosto 2017 cerró con una inflación anual especialmente baja. Y, si no ocurre alguna cosa inesperada y sorprendente, bien podríamos recibir abril con una inflación negativa. Y las deflaciones son unos monstruos complejos de enfrentar, sobre todo porque no se sabe cómo hacerlo.

La inflación es la velocidad con la que crecen los precios. Más concretamente, es el crecimiento porcentual del costo de la canasta promedio que consume una familia ecuatoriana, canasta que el INEC calcula con los precios de 359 bienes ponderados según su peso en el gasto familiar.

Cuando la inflación es alta, los precios crecen rápido; cuando es baja, los precios crecen lento; cuando es cero, los precios no crecen y cuando es negativa, los precios bajan. La inflación anual de agosto (0,3%) es la más baja que el país ha tenido para este mes en, al menos, 56 años y con la tendencia que tiene, podría ser cero en poco tiempo. Y, a más tardar, en abril podría ser negativa. En otras palabras, hay una buena probabilidad que los precios de abril 2018 sean menores a los precios de abril 2017. Eso sería una deflación.

Al igual que una golondrina no hace un verano, un mes de caída de precios no significa una deflación, pero por ahora no se ve ninguna fuerza que vaya a jalar los precios hacia arriba y puede ser que tengamos un buen período de caídas de precios a partir del segundo trimestre del próximo año.

La fuerza que había mantenido alta la inflación en el Ecuador, sobre todo en el período 2007 a 2015, fue un desbocado gasto público. Entre enero de 2007 y junio de 2015, la inflación acumulada en el Ecuador fue de 45%, mientras que en Colombia y Chile fue de 33%, en Perú de 30% y en los EE.UU. de 15%. En otras palabras, en esos años de altos precios del petróleo y de un gasto público que parecía ilimitado, el Ecuador se encareció frente a sus principales vecinos y socios comerciales.

Pero el precio del petróleo cayó y, eventualmente, el gasto público también lo hizo. Si el gasto se demoró en caer fue porque el gobierno financió con deuda el hueco que le dejaron los ingresos petroleros. Pero después de habernos sobre endeudado, al gobierno no le quedó otra opción que bajar significativamente su gasto. Y eso contrae la demanda y cuando la demanda cae, los precios bajan.

Y hasta que la economía no logre reorganizarse hacia una lógica que priorice la producción y hasta que no haya mucho más inversión privada, no habrá mucho que pueda revivir la demanda y nada que jale los precios hacia arriba.

Por ahora, habrá que desempolvar los libros de historia económica y ver qué pasó en el Ecuador entre 1930 y 1933, última vez que vivimos una deflación. Porque es enorme el reto de seguir produciendo y consumiendo cuando los precios bajan.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:
http://www.elcomercio.com/opinion/inflacion-deflacion-ecuador-opinion-economia.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

Fuente: El Comercio


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