Defensores de lo indefendible

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0001A MARCO FLORES 8bd74Por Marco Flores

En época de impunidad no extraña que aparezcan defensores de lo indefendible, calificando de detractores a quienes no coinciden con sus criterios. Son interesados que lo justifican todo, unos apoyados en sus personales vanidades e intereses, otros sin más sustento que su propia ignorancia, todos invocando nacionalismos que nutren al peor de los populismos para intentar confundir a los ciudadanos.

Es imperativo apoyar y continuar apoyando la renegociación de la deuda externa ecuatoriana con privados, algunos la hemos propuesto insistentemente desde hace más de 30 meses. Es un elemento en extremo necesario aunque claramente insuficiente para estabilizar la economía que ha sido destruida con la participación de esos mismos defensores de lo indefendible.

Pero apoyar la renegociación no significa aceptar sin análisis ni replica la forma en que ha sido conducida, secretamente, únicamente conocida por los cercanos al ministro de finanzas y al poder, elaborada y guiada por una empresa especialmente contratada, negando en forma abusiva la posibilidad de contar con importantes opiniones de la Academia, líderes políticos y sociales, asambleístas, economistas y otros profesionales, y por personas independientes que con patriotismo sí buscan el Bien Común.

Apoyar la reestructuración tampoco significa ignorar los pagos realizados en los días previos al inicio mismo de las negociaciones y menos aún los gigantescos prepagos efectuados en medio de ella, simplemente porque hay quienes creen que la complicidad del silencio debe generalizarse.

La operación en oro triangulada por el Banco Central del Ecuador, el Ministerio de Finanzas y un Banco extranjero, podía ser renovada sin problema alguno, con mayor razón con su precio subiendo en los mercados. Los 2450 millones en bonos entregados en garantía de dos operaciones crediticias (REPOS) a los bancos Goldman Sachs y Credit Suisse se quedaban con ellos pues no debían ser rescatados durante la reestructuración sino como parte de ella. El saldo por pagar de esas operaciones que ascendía a 833 millones de dólares debía ser reprogramado para ser pagado en su totalidad por provenir de desembolsos de dos operaciones de crédito.

Aparte de pasar por encima de la necesidad y la tragedia que sufría y sufre el país el ministro de Finanzas pagó 1231 millones de dólares sin que sirvan en absoluto para lo que debían haber servido, es decir, como importantísimo elemento de negociación en la reestructuración de la deuda por su condición de dinero disponible en efectivo.

Este tipo de acciones inaceptables, impresentables y dañinas, no pueden simplemente entenderse casuales, accidentales o como «errores de buena fe». Si Ecuador no estaba en condiciones de pagar 17375 millones de dólares de deuda y se encontraba renegociando sus términos de pago, poco o nada importaban los 833 millones adeudados a los dos bancos, pero no, fueron pagados no solo en forma anticipada sino en las narices del resto de tenedores de deuda ecuatoriana, varios de los cuales ahora mismo demandan al país en la ciudad de New York.

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