Cosmovisión política de Bolívar: ¿cuál y por qué?

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0001a panchoswett c1700Por Francisco Swett

La biografía que Marie Arana ha publicado de Simón Bolívar es un libro rigurosamente histórico escrito con la fluidez de una novela épica. La autora nos revela, con lujo de detalles, al personaje que la historia aclamaría como El Libertador. Es el retrato de un ser humano que adquiere vida en su apariencia física, en sus hábitos y modalidades; un varón apasionado y guerrero que cohabitaba con igual facilidad con el lujo o la privación, el esplendor de los salones o la abrumadora geografía sudamericana; un líder motivado por su odio visceral contra los españoles por el régimen de expoliación que establecieron sobre las colonias del Nuevo Mundo.

La lectura nos hace testigos de la barbarie que fue la lucha por la independencia de Venezuela y Nueva Granada. Se enfrentaban los realistas contra los mantuanos y criollos, y los pardos y negros contra ambos. Los españoles eran despiadados contra quienes osaban desafiar su dominio absoluto. Partidarios y aliados de Bolívar fueron desmembrados, descuartizados, decapitados y sus cabezas exhibidas en picas en lugares públicos por meses para amedrentar a los rebeldes. Los pardos y los negros, liderados por José Boves, un sanguinario carnicero, sentían, respecto de los criollos, el mismo desprecio que éstos tenían hacia los españoles. Se aliaron a momentos con la Corona para asolar las ciudades y el campo con la consigna de no dejar ser viviente. Hombres, mujeres y niños perecieron en una orgía de violencia comparable a la de la Revolución Francesa.

Bolívar era un genio militar no formado como tal. Emuló la hazaña de Aníbal en las Guerras Púnicas descendiendo sobre los españoles desde las cumbres de los Andes para liberar a Nueva Granada. Era un hombre cultivado que había conocido el mundo de Europa y Norteamérica, y debió sortear la indiferencia y oposición de las potencias europeas y de Estados Unidos cuyos intereses yacían del lado de España.

La incapacidad y rencillas de los locales para unirse contra los españoles lo llevó a concluir que la forma de gobierno para la América hispana no podía emular al federalismo americano. Percibía que en esta región no había una raza dominante como en los países del norte, sino que la mezcla de negros, blancos, mestizos e indígenas había gestado una combinación variopinta de culturas, costumbres y profundas diferencias sociales y económicas. La gente del llano no tenía nada que ver con la gente de la montaña, y, precisamente por ello, argumentaba Bolívar, era menester armar un Estado moral que asimile características de La República de Platón, incluyendo el gobierno central de notables cuyo líder sería presidente de por vida (categoría que el Congreso de Angostura le negó).

En la cosmovisión de Bolívar primaban el sueño de la unión del continente y la sujeción a un poder central férreo. Guayaquil y su gente no ocupaban para entonces ningún espacio en su mente pero, como veremos en otro momento, su actitud hacia el poder marcaría nuestra historia en un proceso que ha comprobado, a lo largo de doscientos años, la equivocación garrafal de quien siendo el más importante referente de la fallida nación sudamericana, debió admitir en su ocaso que había arado en el mar.

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