La muerte de Carlos Luis...

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Por Miguel Palacios

Ha fallecido el prefecto de la provincia del Guayas.

Hace varios años y siendo presidente de Barcelona S.C. el Pocho Harb, le solicité que pusiera el nombre de dos arqueros gloriosos para la institución, a los arcos de la cancha del estadio monumental.

Estos arqueros fueron José Francisco Cevallos y Carlos Luis Morales.

Hasta ahora guardo una copia de este petitorio.

En psiquiatría existe un mecanismo anormal y patológico que psicológicamente se denomina la proyección.
Tener esta anormalidad significa que quién la padece, le atribuye a otra persona, lo que esta misma persona en el fondo lo es.

Así, si la persona es rencorosa, le proyectará a otro sus propios rencores.

Si es ladrón le dirá al otro ladrón, si es perverso, le dirá al otro perverso, etc.

Este mecanismo patológico de la proyección se ha puesto de manifiesto en las redes sociales como una conducta de anormalidad colectiva causada por la muerte de Carlos Luis.

Solo entendiendo analíticamente esta descomposición social, se puede explicar tanto rencor, tanta maldad, tanto odio en lo que se ha opinado sobre Carlos Luis.

Se ha dicho que lo mataron porque sabía demasiado.

Que se suicidó porque no aguantó la culpa.

Que le dio un infarto por estrés.

Incluso se llegó a decir que sigue vivo y se fugó.

Todas estas suposiciones insanas, son el resultado de la maldad, los complejos y los resentimientos de quién las escribió.

Traducen una cizaña social concebida para desprestigiar la memoria de quién no se puede defender.
Las cosas en la vida siempre tienen su razón de ser.

Pienso que el dolor por el que atraviesa la familia del ex arquero, no es el momento más idóneo para atacarlo y peor hacerlo al dañarlo en su memoria.

En ningún momento lo estoy defendiendo o lo santifico.

Lo que trato de expresar es mi inconformidad de atacarlo en medio del dolor de su madre y la incalculable tristeza de sus hijos.

La muerte y sus consecuencias familiares nos obligan a ser más mesurados en lo que pensamos y peor aún si lo expresamos anónimamente a través de las redes sociales.

No fue mi amigo; no fue de mi época.

Fui candidato a prefecto y Carlos Luis fue mi contendor.

Jamás se me pasó por la cabeza denigrarlo y lo que es peor, escribir sobre suposiciones que en esa época solo eran rumores perversos.

La maldad de quienes escriben en las redes, no tienen límite.

El respeto al dolor de una madre o el silencio por la tristeza de un hijo, nos obligan a ser lo más mesurados posible.
Hay un tiempo para cada cosa hecha por su cada quién.

Ensañarse con un enemigo mediante el desprestigio, equivale a que quién lo hace, sea más bajo y rastrero que a quién insulta y no está vivo para poderse defender...

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