El coronavirus y la RMI del Ecuador

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Por Alberto Dahik Garzozi

Desde que se perpetró el asalto al Banco Central que terminó con la pulverización de 8000 millones de dólares de liquidez genuina y verdadera que se convirtieron en bonos del Estado, y otras basuras más, el país no ha podido crecer.

Y mientras esa liquidez del Ecuador no sea recuperada, no se podrá crecer, cosa advertida al menos por algunos, incluido este columnista desde el año 2015.

La razón es simple: si se toman maravillosas medidas, si se reduce el tamaño del Estado, si se flexibiliza la contratación laboral, si se reforman las absurdas políticas de tasas de interés, si se focalizan los subsidios y se celebran tratados de libre comercio y todas las muchas demás cosas que el Ecuador tiene que hacer, aún así, no podemos crecer.

¿Y por qué no podemos crecer? Es muy simple la respuesta: porque si un país crece invirtiendo y consumiendo más, necesita divisas. Divisas para maquinaria, materias primas y productos intermedios, divisas para artículos de consumo. Si la agricultura crece, demanda tractores; si la industria crece, demanda maquinaria; si el consumo crece, demanda electrodomésticos, autos, etc. Todo lo anterior no se logra con buena voluntad y buenas políticas, se puede obtener si el país tiene divisas.

Y en la más irresponsable de todas las salvajadas económicas de la FaRC, familia revolución ciudadana, ninguna tan notable, tan patética, como haberle usurpado al Banco Central la liquidez que pertenecía todos los ecuatorianos. El plan fue malévolo: se obligó a que todos los bancos tengan sus depósitos en el BCE y no en el exterior donde los podían tener. Se obligó a municipios y consejos provinciales a hacer lo mismo, en vez de darles la libertad de tener sus recursos en el banco que les diera la gana. Y cuando todo estaba en el BCE se lo asaltó, y desde ahí la economía ecuatoriana quedó mortalmente herida.

Pude decirle esto frente a todo el país, en un programa televisado a nivel nacional al mismísimo líder de la FaRC: que era un crimen el que hubieran cambiado la legislación en contubernio del congreso con el gobierno y el BCE para llevarse la liquidez preciosa del Ecuador. Respondieron que era un error “tener liquidez ociosa” en el BCE, que era más rentable usar la RMI (Reserva Monetaria Internacional) para hacer represas, y obra pública. Dije que con esa respuesta el presidente había extinguido el concepto de seguros. Que no tenía sentido contratar un seguro de vida ni ningún otro.

Pues hoy vemos lo que esto ha significado y está significando. En el 2019 no se alcanzó la meta prometida de liquidez de Reserva Monetaria en el programa con el FMI. A fines de año la liquidez genuina apenas bordeaba los 2000 millones dólares, cuando debería ser 11 mil millones.

El coronavirus ha pegado un frenazo espantoso a la China. El precio del petróleo está cayendo. Es muy posible, casi seguro, que el camarón corra igual suerte. La China no ha estado comprando al mismo ritmo que antes. Y como somos dependientes de la China, por la política de “soberanía” más rara que hayamos visto, sencillamente estamos en una situación en la cual ya el riesgo país subió, y la calificación de crédito bajó. En otras palabras: no tenemos liquidez, vamos a generar menos dólares por exportaciones, y si tomamos créditos nos abrocharán con una tasa de interés de locura.

Lo único cierto es que no va más la idea de que un líder, un gobierno, o un partido resuelva el drama económico del Ecuador. Se requiere el entendimiento de todo un pueblo y una nación, y un gran acuerdo, para reformar todo lo que hay que reformar, apuntando a una economía libre, y mantener el mismo rumbo por décadas, como lo ha hecho precisamente el país del cual somos hoy colonia: la China. Ese país comenzó hace casi 50 años el camino de liberalizar su economía. En 30 años empezaron la cosecha.

Mirando la escuálida RMI frente al complejo panorama nacional e internacional, mirando la barbarie ocurrida, es momento de unir voluntades y entender que quien prometa rápido bienestar y resolver las cosas en 4 años no es más que un gran mentiroso.

Si el acuerdo nacional no se logra, no saldremos de la pobreza y continuaremos el camino más triste de una sociedad: aquel que lleva a convencerse de no ser viable.

Fuente: El Universo

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