De bandazo en bandazo

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Por Walter Spurrier Baquerizo

Entre 1996 y 2006, tuvimos seis gobiernos frágiles, sin bloque legislativo propio de importancia, enfrentando levantamientos indígenas recurrentes, paros provinciales, asaltos a las empresas que suministran a los campamentos petroleros, tres presidentes depuestos. Nos preguntábamos cuándo tendríamos un gobierno capaz de restaurar y mantener el orden, y encauzar la economía.

Con Correa vino ese orden. Comenzó con un autogolpe, cerrando el Congreso, y se legitimó con nuevas elecciones, como Fujimori.

En Perú el gobierno del “Chino” fue autoritario, violador de derechos humanos y corrupto, pero aplastó la guerrilla y enrumbó bien al Perú en materia económica. Sus sucesores, todos de diferentes partidos contrarios al fujimorismo, respetaron el nuevo rumbo económico.

El correato también degeneró en autoritarismo y corrupción, pero a diferencia del fujimorato, no se propuso encauzar la economía. Dejó al país sobreendeudado, un Estado obeso con déficit fiscal galopante, y un nivel de costos internos que resta competitividad. El autoritarismo sirvió para dar cobertura a la corrupción y despilfarro.

Correa escogió a Lenín Moreno como sucesor presumiblemente para que tome medidas económicas, luego destituirlo y elevar al poder a Jorge Glas, su ungido. Pero Moreno se resistió a sufrir esa suerte, rompió amarras, y busca enderezar la economía.

Como reacción al autoritarismo pasado, el gobierno de Moreno peca de exceso de tolerancia con el desorden, siendo el más notorio pero no el único, permitir la toma de Quito por parte del movimiento indígena, y tener que trasladar la sede del gobierno a Guayaquil, plaza que no se han podido tomar los levantiscos.

¿Vamos a seguir viviendo en el caos, paro tras paro, levantamiento tras levantamiento, hasta que venga otro gobierno autoritario? De bandazo en bandazo. ¿No podemos tener un gobierno firme, que se haga respetar, pero que a su vez reconozca sus límites constitucionales y respete los derechos humanos?

Otro caso de bandazos es la conformación del legislativo. En los cincuenta años de mediados del siglo XX, la legislatura vivía en bloqueo permanente, incapaz de aprobar leyes. La nulidad legislativa daba paso a dictaduras, que legislaron por decreto supremo.

La Constitución con que retornamos a la democracia en 1979 buscó remediar esto, con Congreso unicameral (antes era bicameral) y elección de diputados en la segunda vuelta. Debía resultar en bloques legislativos fuertes uno oficialista y otro del principal partido opositor, lo que favorecería la formulación de leyes. Pero cuando ganó Roldós, el gran bloque de diputados del CFP seguía instrucciones del líder máximo Assad Bucaram, y como Roldós no se dejó mandar, CFP fue la más furibunda oposición.

Posteriormente, se cambió la norma para que los diputados sean elegidos en primera vuelta, con lo que los gobernantes no pudieron gozar de mayoría legislativa. Retornó el bloqueo legislativo.

El actual régimen político le otorga grandes poderes legislativos al presidente, y permite un ágil trámite de leyes. Quizá por los abusos bajo el correato, hoy se plantean reformas que dificultarían el proceso legislativo. Los unos plantean el retorno al bicameralismo, otros cambiar la asignación de escaños para favorecer la dispersión del voto: darle poder a las agrupaciones minúsculas contra los partidos grandes. El retorno de la legislatura ineficaz. No cometamos ese error.


Fuente: El Universo

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