Sálvese quien pueda

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Por Walter Spurrier Baquerizo

Tiroteo; disparos a diestra y siniestra. Las balas pueden atravesar las ventanas. A tirarse al piso, meterse bajo la cama. Los que están en la calle, a buscar refugio. Las víctimas suelen ser transeúntes. ¡Sálvese quien pueda!

Los pistoleros son Xi Jinping y Donald Trump, y la bataola amenaza con destruir el barrio. Nuestro barrio.

Hay problemas de fondo entre China y Estados Unidos: tuvieron un fructífero acuerdo tácito que duró cuarenta años, pero Washington considera que los frutos se han vuelto amargos.

En ese lapso, las firmas norteamericanas trasladaron sus fábricas a China, para atender sus mercados además del creciente mercado chino. Pingües ganancias. Florecieron los servicios, cuarta revolución industrial. Ganaron los consumidores, con precios bajos. China se benefició de gran inversión estadounidense, se convirtió en la fábrica del mundo, creó millones de buenos empleos, captó la tecnología estadounidense.

Pero en los Estados Unidos cerraron o redujeron drásticamente industrias como las automotriz y siderúrgica, los obreros estadounidenses, sin preparación académica, perdieron sus buenos empleos. Las firmas chinas compiten con las estadounidenses: Huawei contra Apple.

Es momento de negociar un arreglo mutuamente satisfactorio, centrado en concesiones chinas, en particular respeto a la propiedad intelectual.

Pero son dos líderes que compiten por ser el más gallito. Deng, el líder chino que inició la era de prosperidad, aconsejó a sus seguidores mantener bajo perfil. Xi rechaza el legado de Deng y quiere reconocimiento mundial. Trump considera que sus predecesores fueron alfombra de los chinos, japoneses, mexicanos y europeos y quiere dejar claro que él es quien manda.

Como el comercio entre China y Estados Unidos consiste en la exportación masiva de productos chinos a Estados Unidos, con poco en dirección contraria, Trump les impone aranceles, elevando su costo a los consumidores norteamericanos, reduciendo las exportaciones chinas, y desacelerando la economía del gigante asiático.

En julio 31, se inició el más reciente tiroteo. Trump anunció una nueva ronda de aranceles, esta vez a productos de los que China le vende USD300 mil millones anuales.

La guerra comercial tendrá como efecto una desaceleración de la economía mundial. China, la gran importadora de petróleo, importará menos. El precio del petróleo depende de la demanda mundial: la producción la OPEP y Rusia la mantienen bajo control. Pero a menor demanda, menor precio. En una semana, el petróleo perdió USD6.

Primer efecto: caen nuestras exportaciones e ingresos fiscales petroleros.

China responde devaluando el renminbi. Segundo efecto: el Ecuador tendrá mayor problema en vender camarón a su principal mercado. El dólar se revaloriza frente a todas las monedas fuertes, por lo cual también se encarecen nuestros productos en Europa.

Los mercados financieros se angustian, y ante la incertidumbre, se refugian en activos seguros, sobre todo oro y bonos del Tesoro de Estados Unidos. Como consecuencia sube el riesgo país. Tercer efecto: Nos será más caro colocar bonos, si necesitásemos. Qué a tiempo el acuerdo con el FMI.

Los capitales que huyen a bonos de Estados Unidos y oro salen del mercado de valores pero también de los mercados emergentes. Las monedas de nuestros competidores latinoamericanos se devalúan. Cuarto efecto: nuestras exportaciones pierden competitividad.

Meternos bajo la cama no nos salva. Sufriremos daño colateral.


Fuente: El Universo

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