¡Arriba las manos!

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0001a FRANCISCO X SWETT db2f0Por Francisco Swett

Un paso en falso, pero revelador de la disfuncionalidad que caracteriza al régimen del centralismo, dio la ministra de Gobierno cuando ninguneó la propuesta de coordinación y apoyo en materia de seguridad hecha por el Municipio de Guayaquil. Bien parada estuvo por otro lado la alcaldesa de Guayaquil cuando la increpó directamente por su marcado desinterés para atender los problemas de la inseguridad ciudadana en esta ciudad, problemas que están cobrando dimensiones escandalosas. Pensó diferente la ministra cuando en compañía de su pareja dispuso de un helicóptero de la Policía para trasladarse del sitio de trabajo al de sus vacaciones, justamente explicando que lo hicieron ¡para velar por su seguridad!

El régimen piramidal centralizado funciona de esa manera. La organización policial ecuatoriana, producto de la dictadura militar de los años setentas, fue concebida como una fuerza paramilitar que se inicia en la escuela de formación de oficiales y concluye con el generalato. Los imperativos para ascender y alcanzar las posiciones de mando marcan la carrera policial; entretanto la tropa, la que de manera puntual atiende los temas de seguridad, está en segundo plano atendiendo trabajos de rutina, llenando informes de partes, patrullando aleatoriamente en sus unidades motorizadas, y, de vez en cuando, acertando en apresar a los ladrones, asaltantes y otros indeseables que pueblan la crónica roja. La única diferencia la marcan las unidades especializadas, formadas a partir de los ochenta, las cuales cuentan con elementos más calificados para controlar el crimen organizado, el narcotráfico, los crímenes mayores, y el siempre latente terrorismo que amenaza a la sociedad.

No es la forma de estructurar la defensa de la seguridad interna.

En vez de distritos policiales organizados desde la cúspide y dependientes de un solo presupuesto, cada localidad, municipio o provincia según el caso, debe contar con su propia fuerza que atienda los temas que atañen a la seguridad ciudadana, poniendo énfasis en la calificación de los elementos, dotando a la fuerza de las comunicaciones en tiempo real, con una red de alcance universal y encriptada, disponiendo del equipamiento de asalto, dotación de armas (enfatizando el correcto manejo de las mismas), contando con las unidades SWAT de respuesta rápida, investigación y laboratorios forenses, y todo aquello que configura a una unidad policial moderna. No se trata de tener generales por todos lados, sino de contar con una organización plana, compuesta por unidades autónomas que observe los escalafones de autoridad e identifique a la Policía con el teatro de operaciones que constituye su dominio. La organización debe prever la integración entre los niveles locales, regionales y nacional, complementando y no compitiendo, para lo cual se requiere tener claras las competencias de acuerdo a la magnitud de las amenazas que se ciernen sobre la ciudadanía y la seguridad interna.

La contribución que ha propuesto el Municipio de Guayaquil debe ser respetada en su integridad y no imponiendo condiciones o trampas. Es, sin embargo un paso preliminar pues, al final del día, de lo que se trata es de construir el país que queremos: la República Federal del Ecuador.

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